05 febrero 2010

Una historia de lluvia, baños y canciones

Me gusta escuchar  a Nacha Guevara. Escucharla, sobretodo, los días de lluvia. Y me pasa lo mismo con Malevaje. Componen de manera casi perfecta, y entre otros, el tipo de música que me acompaña los días de lluvia. Tal vez algo de Chet Baker, sí señor y por qué no, pero esencialmente si llueve, y hace frío, y no tengo más motivos que los habituales para salir de casa, escucho esas desgarradoras voces y creo que así debe de expresarse el corazón, más o menos.


Más o menos, como quien no quiere la cosa, me voy enganchando a tu voz profunda. Solemne como una misa de funeral por bulerías. 


-Hola, buenos días Tacones...

-Buenos días, caballero...

-¿Qué pasó ayer?


Y ayer hubo una confusión, y no acudí o no acudiste, y no acudimos. Y de todas formas llovía y me seguía apeteciendo más volver a casa.

De vuelta, escucho ese CD maravilloso lleno de canciones del programa “Flor de Pasión” que debería ser recomendado como fármaco para alegrar el alma.

Y redescubro la canción “Parole, parole” y Mina me parece un genio. Bajo el cristal del coche y dejo que la lluvia me moje... Subo el volumen, canto en un pésimo italiano y sólo entonces me dan ganas de parar el motor, aparcar en cualquier sitio, llamarte y que vengas allí, y me hagas el amor, y me destroces, y nos ahoguemos juntos, y nos respiremos en ese mismo lugar...


Pero sigo conduciendo y la noche se hace un lugar cada vez más agradable.


Llego a casa tarareando la melodía...


-¿Qué tal Tacones, ya en casa?

-Buenas noches, ya estoy de vuelta...

-¿Otra vez la canción?

-Sí, otra...

-A mí también me gusta...

-¿Te apetece un vino?

-¿Contigo?

-Conmigo...


Seguimos con nuestro parole... Mientras hablo contigo subo al baño, preparo el vino...

Me apetece fumar y recuerdo que lo he dejado, que llevo casi tres años sin tabaco y, me invade una pena tremenda por haber abandonado ese vicio. Sí coño, una pena sin fin, vacía. Me consuelo sabiendo que volveré a fumar algún día.


-¿Sigues ahí Tacones?

-Sigo aquí...

-¿Qué haces?

-¿Te apetece escuchar “Construcción”?

-Siempre me apetece escuchar esa canción.


Me quito las botas, las dejo detrás de la puerta.

Me quito los calcetines, dejo el vino en el suelo, al lado de la cama.


-¿La oyes bien?

-Tienes un buen equipo, la escucho estupendamente... Una pena que dejaras el tabaco...

-Ya...

-¿Estás desnuda?


Vuelvo al baño, la bañera a medias, templada, la necesito caliente: esa sensación de que la piel se despega al entrar despacio en ella me excita.


El jersey sale alborotando el moño que a media tarde improvisé con una goma antes de comerme con sopas a un adolescente chulo que venía literalmente a molestar... Mierda, no me había quitado las gafas.


Caen al suelo, las recojo, las pongo en el cajón de la mesita.


-Siento lo de ayer...

-Yo no.

-Tacones...

-Un segundo...


Me quito la camiseta de propaganda horrible pero que abriga como una manta y que cubre mis pechos durante los duros inviernos granadinos...


-He terminado el vino...


Doy un sorbo al mío, lo vuelvo a dejar en el suelo.

Corto el agua de la bañera; la calefacción ha caldeado la casa.


-Se ha terminado la canción Tacones...

-No te preocupes, tengo un saco lleno de canciones...

-Cómo me gusta tenerte...

-...


Y aunque no me tiene del todo me siento algo suyo en noches como esta. Cuando el teléfono va más allá de la distancia, y le tengo cerca.


-Abracadabra...

-Sortilegio...

-Pero a mí lo que me gusta es volar...


Me meto en la bañera, dejo el vino en su borde... 


-¿Cómo vas a cambiar ahora las canciones?

-Con el mando a distancia...

-Ah...


Dejamos pasar el tiempo. Todo el tiempo del mundo. Suenan los Aterciopelados.


-¿Sabes?

-Si...

-Me apetece acostarme contigo


Me sonrío. Esa frase en su boca suena distinta a como es dicha por otros hombres. Su voz me excita tanto que sucumbiría al orgasmo sólo con que él me lo ordenase por teléfono. Pero esto él no lo sabe.


-Mucho, muchísimo... ¿Quieres que vaya?

-¿No te parece que existe una similitud sonora entre Mina y Astrud Gilberto?

-Conecta Gentle Rain...

-Sí...

-¿Qué me dices si me escapo, voy a tu casa, te secuestro y te violo?


Dime qué me vas a hacer, dímelo.


-Tacones...


Vuelvo a sonreír en mi bañera, con mi copa, mi espuma, mi ropa por la habitación, la lluvia, las gafas en la mesilla y las canciones; Sólo me falta tener un gato que maúlle a la luna.

Es un momento excelente para darme cuenta de que soy feliz. Que no necesito más cosas, que puedo morirme en este instante que no tendría que volver para terminar nada, ni siquiera el polvo que va a quedar pendiente para los dos esta noche.


Suena “Mañana de Carnaval” y recuerdo “Orfeo Negro” y a Jose Luís, y qué será de él en estos dos últimos meses que decidió marcharse de casa por ya no sé qué vez. Necesitamos nuestros espacios, lo sé, lo sabe.

Recuerdo también las tardes de domingo con su risa.

Recuerdo a Eddi Vansi. A David y su voz que también perdura como un clavo en mi memoria, y le echo de menos.

Y recuerdo a mi padre y su acento portugués y pienso que debo llamarlo mañana mismo.


-¿Estás ahí?

-Más que nunca...

-Sé lo tuyo con Astrud Gilberto

-Y yo lo tuyo con Henry Miller, pero ahora no vamos a reprocharnos nada...

-Cada uno tiene lo suyo, eh?

-Sí...


Y tras esa canción otra, y otra más, infinitas...

Y se acabaron el vino y la espuma pero no las ganas. 

Se secaron las gotas de vapor por los baldosines del baño, pero no las palabras.

Se agotaron las sales, pero no los motivos. El agua casi fría... 


Se acabaron la batería de su móvil y la de mi inalámbrico. “The end” y a dormir.