11 diciembre 2009

Estas pequeñas cosas

-Mamá...
-Dime cielo...
-¿El Señor está llamando a la abuelita?
-Eso parece cariño, pero nosotras no pensamos cogerle el teléfono...

Y nos quedamos las dos mucho más tranquilas.

08 octubre 2009

Al fin, tú.

Al final, lo que me sirve de consuelo, que no es poco pero que ayuda, joder, es saber que siempre hay alguien al otro lado, al final de mi cuerda floja, de mi vida, de todo esto que apuesto ser yo.
Al final, al cabo de mi tiempo, de éste que no se acaba por mucho que yo le ponga peros, y pegas y en el que cada día las cuestas son más cuesta arriba, lo que de verdad hace que merezca la pena estar viva es saberte. A lo lejos. Tras ese espejo de Alicia que siempre estoy por cruzar y que no cruzo porque no me sale de los cojones. Básicamente por eso. Por eso y porque siempre espero que seas tú quién vuelvas sobre tus pasos y me encuentres al final de mi escalera.
Al fin, cuando estamos ya casi de vuelta de nuestro todo, y nuestras rutinas son más nuestras que nunca, y tampoco queremos deshacernos de ellas, qué coño (porque son nuestras y nos han costado millones de noches en vela y vigilias de alcohol) es cuando nos damos cuenta de que más allá de nuestras vidas hay vida: una vida que no es nuestra, que no nos pertenece. Ajena. Una vida cojonuda, envidiable y contigo al fondo, joder, sin volver sobre tus pasos y sin que yo avance pisoteando los míos; Una vida que dejamos olvidada una noche en una esquina después de una monumental borrachera, pero una vida, al fin, que nos es terriblemente familiar: nuestra puta vida pero vivida por otros, qué error tan trágico del destino.
Y en medio de esa compleja red de realidades vivas y enmarañadas, yo estoy en el centro por si acaso la virtud, tú ya sabes. Engullida en ese mar de la araña con millones de caminos por recorrer y sin más remedio que estar pegada a mi trozo de tela, sin avanzar y creyéndome la jodida Reina de Saba.
Al final, si hay algo que he aprendido en los últimos tiempos, es que no hay nada más allá de nosotros que no sea lo que deseemos, lo que nos viene exigido desde las mismísimas vísceras. El deseo en sí mismo. Por eso, vuelves sobre tus pasos, y yo me acerco. Y no hay más distancia que la distancia entre el ron y tú y yo. Y eso, joder, eso es un lujo: es el puñetero lujo de escapar de la tela de araña.
Porque da igual que el mundo se caiga sobre nuestras cabezas, que ésta sea la era de las telecomunicaciones o que se descubra una vacuna para curar la estupidez humana, da igual todo eso en comparación con el deseo. Ese jodido motor que mueve al mundo con su maquinaria discreta que avanza desde las mismas entrañas de la tierra.
El deseo de acercarte. Sí a ti.
Simplemente el deseo. Nada más.

(Un “sorbo” por ti. En tu memoria. Te echo de menos.)

09 agosto 2009

"...Volver a los 17, después de vivir un siglo..."

Antes, cuando era más jóven, me refiero, me gustaba pasar la noche en vela follando. 


Así, como suena. Sin hacer otra cosa con mi partener que eso. Bueno, alguna otra cosa también, pero relacionada de manera inexorable con el sexo. 

Toda una noche dale que te pego al asunto. Sudando, dejándonos la piel en cada movimiento. Aplicando en cada nuevo acto todas nuestras fuerzas, echando el resto; como animales salvajes en plena lucha, como si aquellas noches y aquellos polvos fueran los últimos de nuestras vidas, o de aquella noche, que era mucho peor que el fin del mundo, porque sabíamos que tras terminar ya no tendríamos nada. 



Qué cansado.



Ese ímpetu lo dan los años, claro. 

De ningún otro modo el sexo vuelve a ser experimentado con la misma intesidad que cuando aún no pisas la veintena. 

Es en ese tramo de la vida, cuando tampoco tienes otras preocupaciones que no sean las destinadas a procurarse placer, o a procurarles placer a otros (siempre y cuando revierta también en una, eso sí) el sexo es algo así como el epicentro de la existencia.

Son unos años de autocomplacencia, de cañas de cerveza y tabaco, de algún aditivo ilegal y todo el tiempo del mundo para servirnos.

El descubrimiento de un buen polvo hace que el resto no tenga importancia,  y joder si se convierte en lo más importante: "quiero ser la mejor folladora del mundo", o "follador", según el caso.


Sin más que el yo en primera instancia y el yo en segunda y tercera, el estar con otro es una puesta a prueba de las habilidades de uno mismo.

 

Conforme los años pasan, el sexo se enriquece.

Jodido tópico certero, pero con matices.


Más que enriquecerse se reconforta uno con él. 


En la mayoría de los casos, llegados a una edad, el sexo se condiciona a la vida, a lo que de ella hemos hecho y al final acabamos follando como vivimos y en la cama somos una extensión de la oficina, de la empresa, de todo lo que conforma nuestra cotidianidad, nuestra rutina.


Para mí el sexo conforme han ido pasando mis años, se ha convertido en algo menos importante, menos serio, más de disfrute de los sentidos sin prestar demasiada atención a ese afán orgasmal.

Ahora es mucho más divertido que cuando comencé a practicarlo; De mucho más provecho que en mi época juvenil.

Ahora es cuando el sexo es verdaderamente sexo, porque comenzamos a sacarlo de nuestra cabeza para convertirlo en un verdadero juego de los sentidos.

Y eso que tengo menos tiempo y más preocupaciones, y más complicaciones de pareja, y más parejas complicadas, y días más largos que cuando tenía veinte años, y noches que se me hacen mucho más cortas, y hombres y mujeres tan  infelices en algunos casos, que al final, en la cama, acaban necesitando más de psicoanálisis que de orgasmos.


Si no viviera el sexo como lo vivo, yo no sería yo. Ni el sexo sería sexo para mí. 


Y mira que, a veces, echo de menos un vuelta a los veinte (pero eso sí: sabiendo todo lo que sé ahora, ¿no?)


05 agosto 2009

La Terraza

Hace calor... .. .

No importa.
Apenas importa que el cuerpo se impregne de este olor mezcla de arena, sal y aftersun. Este olor tan de verano, tan a nuevo cuando son las nueve y media y me esperas en la terraza, y miras al mar, y el horizonte parece recién descubierto por nosotros.

Y me gusta observarte sentado de espaldas al resto del mundo. Ver como el  infinito se estrecha a través de ti. 
Tu nuca.
Tu particular manera de mover el cigarro antes de meterlo entre tus labios, como te estiras hacia atrás y te arqueas. 
Y tarareas alguna canción en el rumor de la tarde que cae.

El quicio de la puerta se entorna mi refugio. 
Desnuda.
Me pareces el lugar más reconfortante en el que pasar el resto de mis horas.
El resto de este día.

Me siento junto a ti.
No cruzo las piernas.
Respiro el aire que respiras.

Y por un momento creo que no necesito otra cosa.

22 junio 2009

MI PUNTUAL INOPORTUNO DE SIEMPRE

Tiene, entre otros cuantos, el don de la inoportunidad. De la inoportunidad para conmigo y mis estados de ánimo, me refiero.


Lo hace de natural, porque le sale así y no sabe ser de otra manera, ni redimirse, ni modificar un ápice esos detalles estúpidos que le hacen tan él; Esos vicios convertidos en monólogos sobre su mísera existencia.


Me enerva. Lo consigue. Aún no sé como se las apaña para sacar lo peor de mi trastienda, para dejar al desnudo junto con mi cuerpo mi mala leche y mis peores formas; Y tal vez por eso nos odiamos sólo lo suficiente y nos conocemos de ese modo tan peculiar, tan desgarrador y tan bello que es ser, al fin y al cabo, uno mismo.


En su espontáneo empeño, él es capaz de descentrarme solo con observar su número en mi móvil. Porque sé que aunque pasen los años, con él las cosas no cambian: para cuando pisa el felpudo ya ha vomitado la segunda parte de su perorata y antes de llegar al término de su discurso ya estamos follando en el suelo como si esa vez fuera la última. Pero nunca lo es y la escena se repite en un eterno retorno.


Y caemos en los mismos pecados varias veces al mes.


Llega a casa tras pegarme la brasa por el móvil (está tan obsesionado con sus rutinas que incluso creo que sigue hablando de lo mismo cuando ya le he colgado): que si su mujer, que si sus hijos, que si su vida, su trabajo, sus amantes y sus no sé qué más que le hacen tan infeliz. Tan infeliz que disfruta en su insano masoquismo de lo que tiene, de lo que ha conseguido y que tanto detesta. 

Tan infeliz que prescindir de su infelicidad sería su ruina; se derrumbaría, saldrían a flote todas sus miserias que tanto entretiene con sus cotidianidades y se pegaría un tiro en mitad de la ciudad, no sin antes llevarse por delante a unos cuantos, porque eso sí, las cosas para él se tienen que hacer a lo grande y por supuesto, llamando la atención: Él no  nació para morirse en el anonimato.


Con los años ha ganado la dosis de locura justa que la madurez guarda para los artistas. A su aire desdeñado de bohemio venido a más, no le desentona esos monólogos sobre su vida, ni su mujer hermosa, ni su par de críos criados en los mejores colegios privados. A él le va como anillo al dedo su desgracia particular y sus amantes; sus ratos libres en los que sale a pintar a desconocidas imaginándoselas desnudas y los momentos de snob en su estudio pedante al que lleva a las mujeres para follárselas con la excusa de que son sus nuevas musas. Él no tiene remedio. Y las vuelve locas.


Y joder, lo que ha ganado con esa barba entrecana.


Le quiero por los años; por nuestros años. Por los que hemos pasado juntos y los que nos quedan; porque será así por los restos de los restos, porque no sabe vivir sin su mujer, sin sus mujeres, sin mí; Por ser un escritor anónimo cojonudo y saber recitarle a la noche como ninguno; Por haberme empapado de su prosa, y su verso, y su sudor, su sexo y su vida. Por haberme hecho unos retratos cojonudos sacando todo lo perro que hay en mí. Porque me hace sonreír de manera inconsciente, por su soltura en la resolución de los temas más complicados, por ser un hombre peculiar que me gusta. Por su inoportunidad eterna. Por su prisa, por su impaciencia.


Porque de vez en cuando no hay nada mejor que encontrarte con alguien así, tan auténtico con sus miserias siempre a flote.


Y coño, porque folla de puta madre, para qué negarlo.


-Joder Tacones, déjame vivir aquí contigo.

-Quédate.

-Pero yo sólo; Lo dejo todo y, el resto, lo que nos quede, juntos. Sin nadie más: tú y yo. Sin mis amantes, sin tus hombres. Solos.

-Claro que sí...


Porque claro que sí.


Y sé que todo lo que me dice es una gran mentira para él mismo, su gran escudo que precede a un gran polvo. Porque lleva toda la vida diciendo lo mismo a todas sus amantes, porque es incapaz de romper con su mujer a la que adora. Y porque sabe desde antes de que conociera a su mujer y a sus amantes, y a su incipiente locura, que mi no a un compromiso con él fue rotundo y no porque no le quisiera, sino por no estropear algo tan de verdad. Tan jodidamente auténtico.


-Cásate conmigo Tacones.

-Me caso contigo.

-Te lo digo en serio tía, joder, no seas así: nos conocemos, somos colegas, encajamos, nos reímos juntos, me comprendes... 

-Te comprendo, te comprendo estupendamente...


Tengo la vida que he elegido, me digo algunas veces como justificándome: tengo lo que quiero, lo que merezco, lo que escojo según el día o la noche, o la persona, o mi estado. No tengo más compromiso que el de estar viva, y por ahora, tengo la firme intención de cumplirlo a pies  juntillas.


Y mientras, bebemos una cerveza en la cocina, y  se pasa nervioso la mano por la cabeza  y por su barba. 


Me mira.


Yo me voy desnudando mientras él sigue con sus propuestas sobre nuestra relación futura y pienso en cuanto me apetece que me tumbe en el suelo, y me lama entera, y se deje de lo que podría se que no va a ser, y se calle de una vez, coño,  y que  despeje el pelo de la nuca y me bese, y que se monte a mi grupa y cabalgar...


-Joder Tacones, dime algo.


Le diría muchas cosas, pero no me apetece y la consulta en casa no es gratuita.


Y salto sobre él para acallar su monólogo tan conocido, sus cuatro jilipolleces de hombre cansado. 

Me agarro a su cuello y cierro su cintura con mis piernas.

Y el tacto de su camiseta en mi sexo me excita...

Y le beso. Me agarra del culo y me eleva lo justo para que el roce sea más intenso. 

Y me sonríe porque sabe lo que viene ahora, porque el sexo así es sexo del bueno: del que no espera luego ninguna frase hecha, ni ningún cumplido, ni dormir juntos y abrazados. Nuestro sexo es el que se disfruta en el momento: y después vendrá lo que tenga que venir, pero ya está hecho.


Y me gusta, coño. 


Me gusta tener sexo así con él. Se entrega de tal forma que me parece casi increíble que su mujer no tenga ni la menor idea de que un hombre que jode tan bien necesite para explayarse más de una amante. Esa mujer criahijos ha perdido el norte, y el sur, y de paso, al hombre (probablemente) de su vida. No tiene ni idea del tío tan cojonudo que llega a casa todas las noche. Del jodido inoportuno que se acuesta con ella y se la jode por norma un par de veces en semana, por continuar con su rutina.

Cuantas mujeres como ella no descubrirán nunca a sus parejas como amantes.


Luego, cuando terminamos y él fuma, y ese cigarro suyo me sabe a gloria, y acabamos nuestras cervezas, y ponemos música y él comienza a irse, me sigue sorprendiendo su candidez, su beso en la mejilla, su “ Joder Tacones...” como en una especie de disculpa por lo que ha hecho (disculpa que, por otra parte, corresponde expresamente a su mujer).


Y me sigue sorprendiendo mi fidelidad: a mis amantes, a esos con los que decidí compartir mi vida y que me saben hacer feliz a su manera (que el resto de mi felicidad es eso, mía y ya lo pongo yo). Que me aportan una vitalidad y un aprendizaje importantes, y me sirven en no pocas ocasiones de conejillos de indias (pero ellos ya lo saben).


Sólo Jose Luís es capaz de ponerme en la cuerda floja, sólo él sabe que seré más suya que de otro cuando no sea de sexo de lo que se trate. Y eso me inquieta.


Tal vez con los años lleguemos a entendernos lo suficiente... 


Porque tal vez.









21 mayo 2009

Y parece que fue ayer...


A estas horas, ¿dónde estábamos? 
Lo raro es que casi ni me acuerdo del lugar, ni de si era juntos, o con más gente, o más solos, pero de lo que sí me acuerdo es que era hace cinco años, y que era Granada, y que era Silvio Rodríguez, y un hervidero de ideas literarias...

Hoy cumplías 40... Guau! Ni más ni menos. Qué edad tan buena. Seguro que no los aparentarías (aparentarías seguro más... Eso nos suele pasar a los que somos como tú y como yo).

Al levantarme no te he pensado como hubiera querido. Ya te habrás enterado de lo de mi madre, que es cáncer, que qué suerte que está cogido a tiempo y que tenemos todas las de ganar. Y vamos a ganar, no te creas, que por suerte esta incorregible enfermedad se ha topado con dos luchadoras natas.

Casi al cerrar el día, siento que te debía estas letras David. Porque desde que te  fuiste no tengo el arrojo suficiente para enfrentarme con los papeles, ni con las ideas, ni con la escritura como antes. Ahora me quedo hablándome a mí misma y cruzando los dedos para que el día que quiera recordar, recuerde todo lo que me digo.

Aún, mi querido compañero, no he sido capaz de abrir la carpeta de Eddi Vansi.
El nudo en el estómago se me entorna úlcera cuando leo "Fracasar no es fácil: toda una vida de entrenamiento" y pienso en cómo nació, su nombre, su historia, su personaje, todos los borradores...
Y salimos tú y yo por doquier; y todo lo que escribimos, lo que queda, lo que hay; y todo lo llenas... Y las noches en vela, y las charlas por teléfono, y los besos, y todas esas cosas y los "y eso" que tú y yo sabemos...

Tantas cosas.

Tantas.

Tantos sueños.

Te prometo David meterle mano a todos los textos que nos han quedado; te prometo que no nos dormiremos en los laureles esta vez y los repasaré y reescribiré aunque esta vez no te los mande ni tú me los devuelvas... Estarán todos preparados para lo que venga y para Sofía, y para Irene.

Se me hace tan raro saber que ya no estás...

Te quiero socio, moon, hombre de grandes ojos tristes...

Felices años, o siglos o eternidades, o lo que coño sea que se celebre en ese cielo en el que estás...

Mañana, será otro día, y gracias por todo lo que me has dado, que no es poco.

Salud.


04 mayo 2009

28 abril 2009

LUTO



Cuanto voy a echarte de menos David.

Cuanto... .. .

04 marzo 2009

Me gusta.

Me gusta pasear sin un rumbo fijo, ni ningún lugar al que tenga que llegar.

Me gusta no tener que esperar a nadie, ni que nadie me espere al volver la esquina.

Mirar escaparates y sonreírle a las dependientas, porque sólo así el cristal se vuelve menos frío.
Me gusta comer piruletas: lo confieso. A estas alturas de mi vida y no creo que exista un mayor placer que quitar un plástico a un corazón y meterlo de una vez dentro de la boca.

Me gusta la ciudad en la que vivo y su mezcla de gentes.

Mis tacones y los adoquines que piso firmemente.

Me gusta mi trabajo, mucho;  Me gusta implicarme si sé que el resultado de la labor merece la pena; tiene sentido.

Me gustan los hombres que me gustan: mi particular colección de amantes que guardo con recelo en mi calendario. Me gusta sobretodo el jueves. Mi día.

Me gusta Jose Luís y su cara de sorpresa. Y cómo me hace el amor.

Me gusta  Helena, y su dulzura desde que es madre, y cómo intenta sobrevivir a su vida.

Me gusta mi vida con su desorden, y sus prisas, y sus poetas.

Me gustan mis libros, y sus notas al márgen, y las viejas cartas que ya dejamos de escribirnos.

Me gustan mis amigos y mis amigas, y sus discursos, y sus cantatas y sus borracheras, y sus familias...

Me gusta mi gente...

Me gusta Eddi Vansi, y pienso pegarme un buen polvo con él cuando encuentre su bar o cuando él me encuentre... .. .

Me gusta pintarme los labios rojos, y ponerme carmín en los pezones y usar el perfume justo para mi cuerpo.

Me gusta ser mujer política, ser roja, ser como soy y vivir como vivo.

Sí... Me gusta...

07 febrero 2009

Lo que él no sabe

Me excita. 
Sí.
Demasiado.
Él no tiene la culpa, ni lo hace adrede; ni siquiera conoce que tiene ese jodido don. 
Él no tiene más ideas que las que da el ímpetu de tener veinte años; su fuerza, su inconsciencia, sus prisas y su poco saber hacer.
Ese chaval no tiene ni la más remota idea de que con esa cara de pánfilo, de no haber roto más que dos o tres platos en su vida me puede poner como me pone.
Me excita. Sí. Para mí asombro.
Y el chaval llega con su pinta de rapero, sus piercings, sus manos malcuidadas, su gorra de lana. Y se me planta enfrente con una familiaridad que asusta. Y dice que viene sólo para saludarme, para verme, que pasaba por aquí, que va a recoger a su novia, que qué me cuento, que está en paro, que si le paso unos cuantos condones... 
Y tras su visita de rigor se va por donde vino.
Y me despido de él.
Y se despide de mí con un "cada día estás más guapa, joder".
Y le miro el culo cuando cierra la puerta...

Y coño, con qué ganas de montármelo con él me quedo.

Pero ni tiene cabeza ni, seguro, aguante.

14 enero 2009

TRISTES GUERRAS

TRISTES GUERRAS 
SI NO ES AMOR LA EMPRESA.
TRISTES, TRISTES.

TRISTES ARMAS
SI NO SON LAS PALABRAS.
TRISTES, TRISTES.

TRISTES HOMBRES
SI NO MUEREN DE AMORES.
TRISTES, TRISTES.

                           Miguel Hernández. "Cancionero y Romancero de Ausencias".


NO AL GENOCIDIO EN PALESTINA.
NO A LA GUERRA.




11 enero 2009

El principio

Le he pasado la mopa al blog, que falta le hacía. 
Me gusta como ha quedado. También aquí empiezo a poner un poco de orden.

Oye, quien sabe, lo mismo mañana me levanto con los dos pies a la vez y me da por tapar mis canas con un tinte, o ponerme lentillas de colores, o volver a fumar tras casi un año sin hacerlo, o hacer deporte como siempre prometo cuando acaba el domingo y me voy a dormir, o volverme fiel de repente y adorar a un solo hombre, o volver a la buhardilla y a escuchar a Boris Vian...

Quien sabe.

Lo importante es que esto comienza a tomar forma de nuevo.

Que ya es algo.

09 enero 2009

Entre lineas

Con los años se me da peor sobrevivir al invierno. Más aún cuando una gripe del tamaño del Everest se ha hecho conmigo, y no me suelta, y me hace vulnerable a casi todo. Sobretodo a la nostalgia, porque cuando estoy enferma me pongo muy tonta con esto del recuerdo.
Volver a leerle ha sido toda una afrenta. De pronto, todo el pasado ha vuelto y se ha hecho presente. Y me han sobrevenido unas ganas tremendas de asomarme por la ventana y gritar al vacío que sigo viva, que él también, que qué jodido que él sea como es y yo como soy, y que por mucho que volviéramos a nacer no nos pondríamos de acuerdo.
El caso es que me excita leerle imaginado que es un extraño. Como si volviese a ser ese desconocido al que reconocí hace no sé ya cuantos años. Ese hombre que me conquistó con su trazo de escritor de veras.
Pues sí.
Qué ganas me dan de dejar al mundo con su perorata y su tragedia por un rato y correr hasta tu lado, y que me hables con esa voz rajada que me sigue poniendo, y que me cuentes alguna de tus historias, o que hagamos algo de lo que se nos ha quedado en el tintero.

Esta jodida gripe, que me trae por la calle de la amargura, y que joder, también me deja un hueco para recordar que el algún sitio me queda un trozo de corazón que aún está lleno ti. Canalla.