02 febrero 2006

Se masca la tragedia

Me temo lo peor. Los días grandes suelen terminar en tragedia, eso lo sabe hasta el más memo. Y en los míos, las tragedias toman un tinte que sobrepasa el melodrama. Ese maldito Aristóteles debió conocerme antes de afirmar rotundo que ni por exceso, ni por defecto, que en el centro residía la virtud. Y unas narices, querido filósofo. Ni de broma, o por lo menos en mi no se cumple.
Estás tú, que no es poco. Que me lees, al que escribo. Al que me gustaría cruzarme al girar la esquina de casa. Con el que me desearía compartir el cuerpo de Helena, que seguro te gustaría por leve, como todo en ella: Helena es genialmente leve porque no tiene nada dentro. Juro que si tiene algo de cerebro es de pura casualidad. Pero es tan bella. Tan inocentemente bella…
Solo por esto es un gran día: ni por el trabajo que me come las horas y la moral, ni siquiera por los amantes… Ni el sexo rotundo que envuelve mi vida como una condena.
Es por ti, hallazgo de este último tiempo.
Protagonista indirecto de mi historia.
Esta noche Igor de nuevo.
Estoy empezando a cansarme de sus monsergas antes de ir a la cama… Para eso tiene a su mujer, bueno, por poco tiempo. Se están tramitando sus papeles del divorcio y él sabe, tan bien como yo desde hace años, que en el momento en el que disfrute de su soltería dejará de disfrutar de su gusto por hacerme calzar zapatos de salón los jueves por la noche.
Jamás había visto a un hombre que, amando tan poco a su esposa, se empeñe con tanto ahínco en que ésta no le abandone.
Yo ya lo habría hecho hace años: es insufrible vivir con un snob como Igor; Boris Vian le hubiera dedicado páginas enteras de haberle conocido.
En cierta forma, me da hasta pena abandonarle yo también. Pero estas son las reglas del juego: Malditos Tacones no comparte vida con hombres solteros.
Ni siquiera, a estas alturas de nuestra particular partida, me permito licencias.
Aunque me cueste deshacerme de su gusto por las perlas sobre el cuerpo desnudo, de beber ginebra como un borracho a sorbos resonantes, y de manejar mi culo con una delicadeza digna de un malabarista.
Me jode que la vida se imponga con sus manías absurdas… Es demasiado corto el espacio de tiempo para perder a Fernando y tener que dejar a Igor…
Veremos como está esta noche la cena, el postre y la sobremesa…
Lo dicho: me temo lo peor.

3 comentarios:

Hombre Vacuo dijo...

Bueno, bueno, ya nos contarás mañana, a ver que tal con Igor (tiene nombre de mayordomo feo y con chepa)

La verdad es que esto se parece cada vez más a una película de terror...jajaj

A pesar de mí dijo...

Me alegro mucho de poder volver a leerte, si me permites te diría que te noto como más, no se como decirlo, ¿más seria?, ¿menos frívola?. No se, algo en ti ha cambiado.
Un diez a "Jamás había visto a un hombre que, amando tan poco a su esposa, se empeñe con tanto ahínco en que ésta no le abandone". Es más frecuente de lo que puede parecer.
Me alegro de poder enviarte un saludo.

Dr. Strangelove dijo...

Malditos Tacones me tienes en ascuas. Muchos cambios se aproximan y mi interés crece.
¿Tienes ya sustitutos?
Si no, ponte a buscarlos porque no podré encontrar aquí tus vivencias de cama, que me fascinan.

saludos (hoy con un sorbito de vodka).