22 junio 2009

MI PUNTUAL INOPORTUNO DE SIEMPRE

Tiene, entre otros cuantos, el don de la inoportunidad. De la inoportunidad para conmigo y mis estados de ánimo, me refiero.


Lo hace de natural, porque le sale así y no sabe ser de otra manera, ni redimirse, ni modificar un ápice esos detalles estúpidos que le hacen tan él; Esos vicios convertidos en monólogos sobre su mísera existencia.


Me enerva. Lo consigue. Aún no sé como se las apaña para sacar lo peor de mi trastienda, para dejar al desnudo junto con mi cuerpo mi mala leche y mis peores formas; Y tal vez por eso nos odiamos sólo lo suficiente y nos conocemos de ese modo tan peculiar, tan desgarrador y tan bello que es ser, al fin y al cabo, uno mismo.


En su espontáneo empeño, él es capaz de descentrarme solo con observar su número en mi móvil. Porque sé que aunque pasen los años, con él las cosas no cambian: para cuando pisa el felpudo ya ha vomitado la segunda parte de su perorata y antes de llegar al término de su discurso ya estamos follando en el suelo como si esa vez fuera la última. Pero nunca lo es y la escena se repite en un eterno retorno.


Y caemos en los mismos pecados varias veces al mes.


Llega a casa tras pegarme la brasa por el móvil (está tan obsesionado con sus rutinas que incluso creo que sigue hablando de lo mismo cuando ya le he colgado): que si su mujer, que si sus hijos, que si su vida, su trabajo, sus amantes y sus no sé qué más que le hacen tan infeliz. Tan infeliz que disfruta en su insano masoquismo de lo que tiene, de lo que ha conseguido y que tanto detesta. 

Tan infeliz que prescindir de su infelicidad sería su ruina; se derrumbaría, saldrían a flote todas sus miserias que tanto entretiene con sus cotidianidades y se pegaría un tiro en mitad de la ciudad, no sin antes llevarse por delante a unos cuantos, porque eso sí, las cosas para él se tienen que hacer a lo grande y por supuesto, llamando la atención: Él no  nació para morirse en el anonimato.


Con los años ha ganado la dosis de locura justa que la madurez guarda para los artistas. A su aire desdeñado de bohemio venido a más, no le desentona esos monólogos sobre su vida, ni su mujer hermosa, ni su par de críos criados en los mejores colegios privados. A él le va como anillo al dedo su desgracia particular y sus amantes; sus ratos libres en los que sale a pintar a desconocidas imaginándoselas desnudas y los momentos de snob en su estudio pedante al que lleva a las mujeres para follárselas con la excusa de que son sus nuevas musas. Él no tiene remedio. Y las vuelve locas.


Y joder, lo que ha ganado con esa barba entrecana.


Le quiero por los años; por nuestros años. Por los que hemos pasado juntos y los que nos quedan; porque será así por los restos de los restos, porque no sabe vivir sin su mujer, sin sus mujeres, sin mí; Por ser un escritor anónimo cojonudo y saber recitarle a la noche como ninguno; Por haberme empapado de su prosa, y su verso, y su sudor, su sexo y su vida. Por haberme hecho unos retratos cojonudos sacando todo lo perro que hay en mí. Porque me hace sonreír de manera inconsciente, por su soltura en la resolución de los temas más complicados, por ser un hombre peculiar que me gusta. Por su inoportunidad eterna. Por su prisa, por su impaciencia.


Porque de vez en cuando no hay nada mejor que encontrarte con alguien así, tan auténtico con sus miserias siempre a flote.


Y coño, porque folla de puta madre, para qué negarlo.


-Joder Tacones, déjame vivir aquí contigo.

-Quédate.

-Pero yo sólo; Lo dejo todo y, el resto, lo que nos quede, juntos. Sin nadie más: tú y yo. Sin mis amantes, sin tus hombres. Solos.

-Claro que sí...


Porque claro que sí.


Y sé que todo lo que me dice es una gran mentira para él mismo, su gran escudo que precede a un gran polvo. Porque lleva toda la vida diciendo lo mismo a todas sus amantes, porque es incapaz de romper con su mujer a la que adora. Y porque sabe desde antes de que conociera a su mujer y a sus amantes, y a su incipiente locura, que mi no a un compromiso con él fue rotundo y no porque no le quisiera, sino por no estropear algo tan de verdad. Tan jodidamente auténtico.


-Cásate conmigo Tacones.

-Me caso contigo.

-Te lo digo en serio tía, joder, no seas así: nos conocemos, somos colegas, encajamos, nos reímos juntos, me comprendes... 

-Te comprendo, te comprendo estupendamente...


Tengo la vida que he elegido, me digo algunas veces como justificándome: tengo lo que quiero, lo que merezco, lo que escojo según el día o la noche, o la persona, o mi estado. No tengo más compromiso que el de estar viva, y por ahora, tengo la firme intención de cumplirlo a pies  juntillas.


Y mientras, bebemos una cerveza en la cocina, y  se pasa nervioso la mano por la cabeza  y por su barba. 


Me mira.


Yo me voy desnudando mientras él sigue con sus propuestas sobre nuestra relación futura y pienso en cuanto me apetece que me tumbe en el suelo, y me lama entera, y se deje de lo que podría se que no va a ser, y se calle de una vez, coño,  y que  despeje el pelo de la nuca y me bese, y que se monte a mi grupa y cabalgar...


-Joder Tacones, dime algo.


Le diría muchas cosas, pero no me apetece y la consulta en casa no es gratuita.


Y salto sobre él para acallar su monólogo tan conocido, sus cuatro jilipolleces de hombre cansado. 

Me agarro a su cuello y cierro su cintura con mis piernas.

Y el tacto de su camiseta en mi sexo me excita...

Y le beso. Me agarra del culo y me eleva lo justo para que el roce sea más intenso. 

Y me sonríe porque sabe lo que viene ahora, porque el sexo así es sexo del bueno: del que no espera luego ninguna frase hecha, ni ningún cumplido, ni dormir juntos y abrazados. Nuestro sexo es el que se disfruta en el momento: y después vendrá lo que tenga que venir, pero ya está hecho.


Y me gusta, coño. 


Me gusta tener sexo así con él. Se entrega de tal forma que me parece casi increíble que su mujer no tenga ni la menor idea de que un hombre que jode tan bien necesite para explayarse más de una amante. Esa mujer criahijos ha perdido el norte, y el sur, y de paso, al hombre (probablemente) de su vida. No tiene ni idea del tío tan cojonudo que llega a casa todas las noche. Del jodido inoportuno que se acuesta con ella y se la jode por norma un par de veces en semana, por continuar con su rutina.

Cuantas mujeres como ella no descubrirán nunca a sus parejas como amantes.


Luego, cuando terminamos y él fuma, y ese cigarro suyo me sabe a gloria, y acabamos nuestras cervezas, y ponemos música y él comienza a irse, me sigue sorprendiendo su candidez, su beso en la mejilla, su “ Joder Tacones...” como en una especie de disculpa por lo que ha hecho (disculpa que, por otra parte, corresponde expresamente a su mujer).


Y me sigue sorprendiendo mi fidelidad: a mis amantes, a esos con los que decidí compartir mi vida y que me saben hacer feliz a su manera (que el resto de mi felicidad es eso, mía y ya lo pongo yo). Que me aportan una vitalidad y un aprendizaje importantes, y me sirven en no pocas ocasiones de conejillos de indias (pero ellos ya lo saben).


Sólo Jose Luís es capaz de ponerme en la cuerda floja, sólo él sabe que seré más suya que de otro cuando no sea de sexo de lo que se trate. Y eso me inquieta.


Tal vez con los años lleguemos a entendernos lo suficiente... 


Porque tal vez.









8 comentarios:

Tha dijo...

¡joder Tacones... cómo me gusta este amante y como una parte de mí lo envidia y te envidia!
(Suspiro)

Turulato dijo...

Bien... Por avante, ganando barlovento.

Volti dijo...

Tienes música, Tacones.

Jim McGarcía dijo...

No tenía ni idea de que el señor Vansi estuviera casado.

Ánimo Tacones, tus polvos en la alfombra son incluso mejores que los de Vansi. Fracasar no es fácil, y dejar de escribir menos aún.

Saludos,

Jim McGarcía

el_irlandés dijo...

Joder Ms HighHeels. Joder.

It's really good to read you back.

DELIRIUMTREMENDS dijo...

La verdad es que esos tíos que como tu dices, saben sacar lo peor de nosotras, y hacernos el retrato a la perfección, son aquellos por los que morimos y resucitamos varias veces al mes.
Pero como tu bien dices, lo importante, es que detrás de las mentiras, detrás de las promesas bonitas que caen por su propio peso por ser mentiras también piadosas, detrás de todo eso, estás tu, de puta madre, sabiendote tu sitio de memoria, sabiéndote el de él, y fiel a lo mas importante que hay en la vida, y que es a lo único que nos podemos agarrar cuando cae el telón, fieles a nosotras mismas.
Yo también conozco bien esas artimañas, y también he cerrado la boca de alguno con un beso de cojones para no tener que oir lo que venía y ya sabía. Y eso, que la vida es muy vieja, y nos pilla muy resabiadas.
Y que un besazo, creo que es el mejor post que te he leido en la vida.
Verdad por los cuatro costados, y al final, el puto sexo de puta madre.
La vida misma.

Liar Nymphet dijo...

Todo esto me ha estrujado el estómago. Me acabo de ver escribiendo esas mismas palabras en unos cinco años o quién sabe si menos.

Me está encantando conocerte, Tacones.

Alejandra Matallanas dijo...

Supongo que nos tenemos que agregar señorita.




Oye Delirium, me pregunta el gitano si eres tú?