10 enero 2006

Mi vida conmigo

Cada día tiene un hombre, excepto el domingo, que lo tiene si mi libre albedrío decide tenerlo. Sí. Mí semana es un calendario con nombres propios. Lunes: Pablo. Martes: Fernando. Miércoles: Ismael. Jueves: Igor. Viernes: Leandro. Sábado: el mismo Ismael del Miércoles. Domingo: Yo.
Ésta que, de entre todos, decidió ponerse como sobrenombre Malditos Tacones por ser el utensilio con el que me siento más mujer, ahora decide plasmar con una cara dura digna de cualquier político, sus vivencias: pocas, escasas, rutinarias, pero divinamente seductoras. No concibo mis noches, ni mis hombres, sino encadenada a los zapatos que ellos usan como fetiches y, por ende, a todo lo que mis amantes enlazan a esos zapatos haciendo de mí una actriz impecable con un dominio de la improvisación que ya la quisieran para sí, muchos profesionales de la farándula.
El resto del día, mi vida transcurre plácidamente: Mi trabajo. Que me gusta, que lo hago bien y que gusta. Mi casa. Y un pajarraco chillón que vive conmigo y que, dudo que sea, como dicen mis amigos, un colorín. Con esos berridos estoy segura de que debe ser una oca camuflada.
El cómo acabé teniendo pareja diaria no es demasiado complejo. Harta de parejas “estables” con las que, pasado el tiempo, no tenía otra conversación fuera del “bueno sí, mañana hablamos. Tengo prisa hoy, cielo”, decidí mantener una relación perfecta, duradera, sin todos los engorros que conlleva el matrimonio o la pareja. Y justo por tal motivo, tengo un hombre para cada día. Y también, por todo esto, decidí que los hombres con los que compartiera mi vida, tendrían que tener, al menos, tres requisitos:
1. Estar casados, y bien casados.
2. Hombres a los que no conociera de nada y a los que el destino hubiera puesto, casualmente, allí…
3. Que fueran diametralmente opuestos entre ellos.
Tal vez ustedes piensen que me dedico a un tipo de prostitución encubierta. Que soy una puta autosuficiente de este siglo XXI. Bien, perfecto. Pero desde ese primer día en el que Ismael se cruzó conmigo, tomé como norma no percibir ni un céntimo de todos los amantes que tuviera. Ni un regalo siquiera. Ni una invitación, ni un detalle. Sólo sus zapatos y atrezzos para nuestros encuentros sexuales.
Esta es la forma de relación que quiero. Como quien elige el matrimonio, la castidad o la soltería. Y, por eso, que yo sepa, no se cobra.
Y así llevo años. Felizmente amante de cinco hombres a los que no amo.

3 comentarios:

A pesar de mí dijo...

En un impulso de cortesía (sustitúyelo por: de curiosidad) te devuelvo la visita.

Hace tiempo yo vivía una vida parecida a la que describes, muy similar en la filosofía aunque mucho menos intensa. Era una buena VIDA.

Dr. Strangelove dijo...

malditostacones: buena decisión. Valiente y consecuente. Bravo!

Dr. Strangelove dijo...

PARA CUANDO UNA IMAGEN DE TU PERFIL. QUIERO VER UN TACÓN DE AGUJA, NO SÉ ALGO.
SALUDOS