20 noviembre 2012
DE NOCHES Y BARES
02 noviembre 2011
13 julio 2011
Camino De Vuelta...

- Hola- le dije intentando sobreponerme del susto y disimular.
-¿Qué tal, Tacones?
-Bien, bien... ¿Qué tal tu?
-Digamos que mejor que en vidas anteriores...
-Ah, eso es estupendo.
-Sí... Estás más delgada- concluyó mientras escrutaba mi silueta cubierta sólo por una camiseta y unas bragas de una conocida marca de lencería.
-Bueno, han sido unos años complicados...
-No hay años complicados, Tacones...
-Si tu lo dices...
-¿Vas a dejarme pasar o no?
-Sí claro... Pasa...
Traspasó el umbral de casa con su paso firme, su mochila colgada de su brazo derecho, sus vaqueros desgastados, su camiseta negra y su pelo despeinado.
Cerré la puerta tras él. Miré como avanzaba por el pasillo con su paso firme y sus manos en los bolsillos y pensé que seguía siendo tan atractivo como siempre, que los años no pasaban por él; que sus cuarenta y tantos eran los veinte de cualquier otro, que con qué jodido diablo habría cerrado su pacto particular.
También pensé que qué triste que lo nuestro no hubiera funcionado, pero ya no había marcha atrás.
- Siempre me gustó tu casa Tacones...
- Ya
Me encendí un pitillo sentándome en el sofá haciendo como si no me importase casi nada su presencia.
- ¿No ibas a dejar el tabaco?
- Sí, iba a dejarlo... A dejarlo en pause...
- Ah...
Se sentó a mi lado y miró hacia esa nada que se desvestía al fondo de la habitación ajena por completo a nuestra conversación.
- ¿Por qué has vuelto?- le espeté sin mirarle.
- Te echaba de menos...
-Vale...
Y no es que su respuesta me convenciera demasiado pero una, con los años, ha aprendido que al final vivir era algo parecido a disfrutar sin esperar ni preguntar demasiado.
- ¿Has tenido hijos?- me preguntó con indiferencia observando los muñecos y accesorios varios de la hija de Helena.
- No, yo no.
- No, tu no.
- Son los trastos de la hija de Helena. Llevan un tiempo viviendo aquí. Ahora están de vacaciones...
- ¿Qué tal se te da ser madre?
- Creo que bastante bien mientras no sean hijos míos.
- Ya...
Le observé de soslayo expulsando el humo lentamente... Apagué lo que quedaba del cigarrillo. Recogí mi pelo en una coleta improvisada, me atusé el flequillo y me dio la sensación de que él había estado siempre ahí, como las sillas, el mueble o los libros que dormían debajo de la mesa.
- ¿Pongo música?- pregunté para romper un hielo que se había derretido hacía años...
- No.
- De acuerdo.
- ¿Me has echado de menos?
- No.
Y le dije que no porque en realidad no le había echado de menos: me había dado cuenta de que sentía cierta añoranza cuando me topé con él al abrir la puerta. Y algo tan momentáneo y sutil no tiene demasiado que ver con los sentimientos.
- Me alegro.
- Yo también.
Añorar suele ser insoportable. Una especie de lastre emocional que te lleva más a preguntarte por lo que podría haber sido que por lo que fue. No me gusta echar de menos a nadie, ni añorar, ni dejar pasar mi tiempo perdida entre los recuerdos... Lo que fue, ha sido: no hay marcha atrás ni camino de vuelta.
- Follar contigo- dijo como afirmando en voz alta su pensamiento.
- ¿Cómo?- pregunté arqueando una ceja y encendiéndome otro pitillo.
- Follar contigo Tacones; eso sí lo he echado de menos.
- Ah...
- ¿Te molesta?
- No, en absoluto.
¿Por qué debía molestarme? Con él había vivido un sexo tan salvaje que rara vez salí indemne de sus encuentros; terminé siempre rota, magullada, excitada como si fuese a empezar de nuevo... También yo echaba de menos follar con él.
Habitualmente no solemos echar de menos el follar con alguien determinado: echamos de menos follar, así, en general. El contacto con otro, el sudor, el placer, las lágrimas y gemidos.
En este caso, coincidía plenamente con él en echar de menos sus polvos (y en mi caso, también sus manos y su fusta).
De todas formas, no se lo iba a decir... Una sigue teniendo las manías propias que se heredan al haber asistido en al infancia a colegios de monjas.
- ¿Has encontrado a otro que te use como yo lo hacía?
- ¿Ahora te gusta compararte con otros?- le solté francamente sorprendida, porque eso sí se me hacía raro en él...
- Si se trata de ti y a estas alturas, sí.
- No querría faltarle el respeto a tu ego ni por un momento... Señor...
Nos reímos...
-Te he traído un regalo.
-No tenías por qué.
- Ya, pero quería hacerlo.
Sus regalos siempre quedaban magníficos en mi cuello... Sobre todo si eran sus manos grandes, expertas, suaves, ejerciendo la presión exacta en el momento justo.
- Toma..
Abrí cuidadosamente un paquete del tamaño de un libro envuelto en papel celofán azul eléctrico.
Dentro de una caja había un cuaderno de piel.
Lo abrí... Escrito a modo de diario, había ido poniendo día a días desde aquella tarde de otoño en que nos despedimos después de la tormenta, una frase para mí.
Todas encabezadas igual:
"... Madrid, x de x de 200x.....
Tacones......................."
Y así, día a día hasta este en que estaba sentado a mi lado en el salón de casa.
No supe como reaccionar.
Tenía entre mis manos la colección completa de todos sus deseos, sus temores, anhelos... Tenía, un diario en el que había descrito todos los polvos que no estábamos echando, todas las sesiones en que era suya y ya no era, todas las formas posibles de tortura para hacerme feliz, todos los fotogramas de tiempos pasados en sepia...
- Gracias, de veras- dije cerrando el cuaderno...
- No tienes por qué darlas. Conque te arrodilles a mis pies es suficiente.
Y en ese momento, girada con un resorte y como una autómata, le miré y le sonreí con una sonrisa amplia y sin atisbo de duda.
Una sonrisa similar a la que se emplea al comprar la prensa los domingos por la mañana sabiéndote poseedora de todo el día por delante...
- Cuando sonríes pareces otra, ¿te lo había dicho alguna vez, Tacones?
- Sí...
Decidí postrarme encontrado el hueco perfecto que dejaban sus rodillas entreabiertas... Adopté la misma posición que tomaba cuando era su puta y esperaba paciente sus movimientos... Apoyé mi cabeza en su muslo derecho...
Acarició mi coleta que caía sobre su muslo izquierdo...
-No he encontrado a ninguna como tu.
-Lo siento.
-No lo sientes.
Y le sonreí porque no lo sentía. Me alegraba enormemente que durante todo este tiempo de ausencia me hubiese extrañado de una manera tan anormalmente romántica en alguien como él. Me alegraba aún más de que en sus búsquedas ninguna le hubiera complementado tanto como lo hacía yo... Ese regusto de perra en celo le excitaba a él tanto como a mí.
Y permanecimos callados un rato muy largo...
Parecía como si no hubiese pasado más que un rato desde nuestro último encuentro.
15 junio 2011
13 junio 2011
Otro vino, por favor...
Y me convence más de lo que cree... .. .
28 abril 2011
03 abril 2011
Y mientras tanto...
18 febrero 2011
Malas Intenciones

13 febrero 2011
PACO SEGURA-POEMA MI ARBOL
08 febrero 2011
30 enero 2011
Ardor Guerrero

Tal vez, lo más probable, es que en el fondo de este inconsciente colectivo que todos albergamos y que nos diferencia tanto como nos une, exista un atisbo de sexo animal; una reminiscencia de cuando follar era follar y no una especie de acuerdo de cuento en el que meterse en la cama tiene que seguir necesariamente unas pautas marcadas, da igual a las que te refieras, ya están escritas.
Porque follar tiene que ser una jodida lucha de titanes; meterse en una guerra con el otro en la que uno de los dos tiene que salir victorioso y en la que el orgasmo más bestial del mundo tiene que ser tuyo a toda costa; y eso requiere de un egoísmo sublime con el que a fuerza de practicarlo, acabas produciendo un placer tan inmenso en tu contrincante que podrías matarlo.
Porque solo si buscas una satisfacción máxima personal produces la misma satisfacción, solo si te retuerces se retuercen, si gritas gritan, si bramas braman, si pides te dan…
Mmmmm….
Y esto, hay que vivirlo joder. Vivirlo y sobrevivirlo. Porque no de todos estos combates sale una indemne y a veces, no puedes más que subyugarte porque el contrario es más fuerte que tu: porque su jodido dominio ya te ha perforado hasta el intestino y su sexo no hace más que empujarlo… En ese caso, se llega a un éxtasis tal que el resto no cuenta… Y ya te da igual que la argolla apriete, o que al final él gane y la que mueras de placer seas tú sintiéndote vencida
Porque al final, después del fragor de la batalla una sabe que ha follado como se tiene que follar cuando sentada esperando a que te pongan el café de media mañana, miras al resto de vecinos de barra y puedes observar en sus pupilas reflejado tu deseo.
Y para entonces, joder, ya has tomado la fuerza suficiente como para emprender una nueva búsqueda, un nuevo combate, un nuevo gong que indique el inicio de una nueva batalla…
29 enero 2011
Otra vuelta de tuerca
08 enero 2011
Momentos Musicales... .. .
http://www.youtube.com/watch?v=loNU4fVpO8E&feature=fvsr
06 enero 2011
Anotación de Diciembre

El sentido de la vista determina en los primeros contactos los contactos posteriores, y a veces se vuelve paradójicamente el sentido más ciego y es por tanto que, de todos, acaba siendo el más engañoso e inútil.
Y el sabor sólo cobra importancia durante momentos puntuales, cuando ya no hay vuelta atrás y hay que devorarse, y comerse, y saborearse, pero es secundario, porque nunca se llega a ese punto sin que el tacto no haya determinado el resto.
Ni tampoco tiene importancia donde nos conocimos, y digo que no la tiene porque no creo que a nadie le importe, excepto a él y a mí, que estábamos allí porque queríamos encontrarnos, o porque sabíamos que, al final, algo nos llevaría del uno al otro y justo en el sentido contrario y porque sólo en sitios así sabemos los de nuestra especie que nos encontraremos: el caso es que de estar a compartir cama juntos distó prácticamente nada (y eso no pasa siempre, pero cuando pasa es acojonante y no tiene comparación con cualquier otra cosa) y el tiempo y el espacio convergió en una habitación de hotel de esos que aceptan parejas que van a follar a cualquier hora del día y de la noche sin pedir DNI ni chorradas por el estilo.
Y me gusta que su peso casi me asfixiase… Su manera de lastimarme lo justo para no hacerme sufrir. Su sumisión ante mi insumisión sin remedio, ante mi sumisión impostada que me queda de lujo y que él conoce y sabe de mis posibilidades y por eso me exprime como si fuera de su propiedad... Que quien sabe si al final es su argolla la que encaja en mi cuello.
Pero de todo lo que es él me quedo con sus palmas de las manos tatuadas en mi culo y sus susurros jodidamente obscenos, y su acento, y su cuerpo que lamí palmo a palmo para no perderme nada.
Y me quedo con su tacto y con que mañana lo más probable es que no nos volvamos a ver... (pero eso, ya es otra historia)
27 noviembre 2010
Sábado... .. .

26 noviembre 2010
POR SI TARDO EN LLEGAR

27 abril 2010
Un año después
05 febrero 2010
Una historia de lluvia, baños y canciones
Me gusta escuchar a Nacha Guevara. Escucharla, sobretodo, los días de lluvia. Y me pasa lo mismo con Malevaje. Componen de manera casi perfecta, y entre otros, el tipo de música que me acompaña los días de lluvia. Tal vez algo de Chet Baker, sí señor y por qué no, pero esencialmente si llueve, y hace frío, y no tengo más motivos que los habituales para salir de casa, escucho esas desgarradoras voces y creo que así debe de expresarse el corazón, más o menos.
Más o menos, como quien no quiere la cosa, me voy enganchando a tu voz profunda. Solemne como una misa de funeral por bulerías.
-Hola, buenos días Tacones...
-Buenos días, caballero...
-¿Qué pasó ayer?
Y ayer hubo una confusión, y no acudí o no acudiste, y no acudimos. Y de todas formas llovía y me seguía apeteciendo más volver a casa.
De vuelta, escucho ese CD maravilloso lleno de canciones del programa “Flor de Pasión” que debería ser recomendado como fármaco para alegrar el alma.
Y redescubro la canción “Parole, parole” y Mina me parece un genio. Bajo el cristal del coche y dejo que la lluvia me moje... Subo el volumen, canto en un pésimo italiano y sólo entonces me dan ganas de parar el motor, aparcar en cualquier sitio, llamarte y que vengas allí, y me hagas el amor, y me destroces, y nos ahoguemos juntos, y nos respiremos en ese mismo lugar...
Pero sigo conduciendo y la noche se hace un lugar cada vez más agradable.
Llego a casa tarareando la melodía...
-¿Qué tal Tacones, ya en casa?
-Buenas noches, ya estoy de vuelta...
-¿Otra vez la canción?
-Sí, otra...
-A mí también me gusta...
-¿Te apetece un vino?
-¿Contigo?
-Conmigo...
Seguimos con nuestro parole... Mientras hablo contigo subo al baño, preparo el vino...
Me apetece fumar y recuerdo que lo he dejado, que llevo casi tres años sin tabaco y, me invade una pena tremenda por haber abandonado ese vicio. Sí coño, una pena sin fin, vacía. Me consuelo sabiendo que volveré a fumar algún día.
-¿Sigues ahí Tacones?
-Sigo aquí...
-¿Qué haces?
-¿Te apetece escuchar “Construcción”?
-Siempre me apetece escuchar esa canción.
Me quito las botas, las dejo detrás de la puerta.
Me quito los calcetines, dejo el vino en el suelo, al lado de la cama.
-¿La oyes bien?
-Tienes un buen equipo, la escucho estupendamente... Una pena que dejaras el tabaco...
-Ya...
-¿Estás desnuda?
Vuelvo al baño, la bañera a medias, templada, la necesito caliente: esa sensación de que la piel se despega al entrar despacio en ella me excita.
El jersey sale alborotando el moño que a media tarde improvisé con una goma antes de comerme con sopas a un adolescente chulo que venía literalmente a molestar... Mierda, no me había quitado las gafas.
Caen al suelo, las recojo, las pongo en el cajón de la mesita.
-Siento lo de ayer...
-Yo no.
-Tacones...
-Un segundo...
Me quito la camiseta de propaganda horrible pero que abriga como una manta y que cubre mis pechos durante los duros inviernos granadinos...
-He terminado el vino...
Doy un sorbo al mío, lo vuelvo a dejar en el suelo.
Corto el agua de la bañera; la calefacción ha caldeado la casa.
-Se ha terminado la canción Tacones...
-No te preocupes, tengo un saco lleno de canciones...
-Cómo me gusta tenerte...
-...
Y aunque no me tiene del todo me siento algo suyo en noches como esta. Cuando el teléfono va más allá de la distancia, y le tengo cerca.
-Abracadabra...
-Sortilegio...
-Pero a mí lo que me gusta es volar...
Me meto en la bañera, dejo el vino en su borde...
-¿Cómo vas a cambiar ahora las canciones?
-Con el mando a distancia...
-Ah...
Dejamos pasar el tiempo. Todo el tiempo del mundo. Suenan los Aterciopelados.
-¿Sabes?
-Si...
-Me apetece acostarme contigo
Me sonrío. Esa frase en su boca suena distinta a como es dicha por otros hombres. Su voz me excita tanto que sucumbiría al orgasmo sólo con que él me lo ordenase por teléfono. Pero esto él no lo sabe.
-Mucho, muchísimo... ¿Quieres que vaya?
-¿No te parece que existe una similitud sonora entre Mina y Astrud Gilberto?
-Conecta Gentle Rain...
-Sí...
-¿Qué me dices si me escapo, voy a tu casa, te secuestro y te violo?
Dime qué me vas a hacer, dímelo.
-Tacones...
Vuelvo a sonreír en mi bañera, con mi copa, mi espuma, mi ropa por la habitación, la lluvia, las gafas en la mesilla y las canciones; Sólo me falta tener un gato que maúlle a la luna.
Es un momento excelente para darme cuenta de que soy feliz. Que no necesito más cosas, que puedo morirme en este instante que no tendría que volver para terminar nada, ni siquiera el polvo que va a quedar pendiente para los dos esta noche.
Suena “Mañana de Carnaval” y recuerdo “Orfeo Negro” y a Jose Luís, y qué será de él en estos dos últimos meses que decidió marcharse de casa por ya no sé qué vez. Necesitamos nuestros espacios, lo sé, lo sabe.
Recuerdo también las tardes de domingo con su risa.
Recuerdo a Eddi Vansi. A David y su voz que también perdura como un clavo en mi memoria, y le echo de menos.
Y recuerdo a mi padre y su acento portugués y pienso que debo llamarlo mañana mismo.
-¿Estás ahí?
-Más que nunca...
-Sé lo tuyo con Astrud Gilberto
-Y yo lo tuyo con Henry Miller, pero ahora no vamos a reprocharnos nada...
-Cada uno tiene lo suyo, eh?
-Sí...
Y tras esa canción otra, y otra más, infinitas...
Y se acabaron el vino y la espuma pero no las ganas.
Se secaron las gotas de vapor por los baldosines del baño, pero no las palabras.
Se agotaron las sales, pero no los motivos. El agua casi fría...
Se acabaron la batería de su móvil y la de mi inalámbrico. “The end” y a dormir.

