15 junio 2011

SORBO



"... ha sido una  hermosa
pelea

y aún
lo es..."

("Arrinconado". Charles Bukowski)

13 junio 2011

Otro vino, por favor...

- Ey Nena...- me dice como para convencerme...

Y me convence más de lo que cree... .. .

28 abril 2011

In Memoriam



Dos años sin ti.
Y te echo tanto de menos.

Te quiero mi camarada, mi socio, mi amigo.

03 abril 2011

Y mientras tanto...


Me desnudo para ti. 
Me arrodillo.

Y tu voz me subyuga.

Después de eso ya no queda nada.

Soy para ser tuya.

(Por lo menos hoy, en este momento... Mientras dure esta canción y sus acordes apaguen el sonido sordo de tu fusta)

18 febrero 2011

Malas Intenciones


Tengo el firme propósito de meterte conmigo en la cama.

No sueñes con tenerme, cielo.... Eso sería pedir demasiado.

Confórmate con lo que es, que es lo que hay y lo es todo.
No pidas más de lo que sabes voy a darte.
Por esta noche, con follarte estará bien... 

Sabes que las mías no son malas intenciones... .. .

13 febrero 2011

PACO SEGURA-POEMA MI ARBOL

 

Un poeta que me descubrió un camarada, un amante, un caballero que siempre me sorprende  y del que más me vale andar lejos...

Salud y gracias...

30 enero 2011

Ardor Guerrero


Tal vez una tiene una predisposición natural para el sexo: una cualidad innata que la hace más receptiva a ver en ese acto un acto natural de reafirmación, una manera de supervivencia, una disciplina de crecimiento personal, una forma de saber que se es y que se está en cada momento.

Tal vez, lo más probable, es que en el fondo de este inconsciente colectivo que todos albergamos y que nos diferencia tanto como nos une, exista un atisbo de sexo animal; una reminiscencia de cuando follar era follar y no una especie de acuerdo de cuento en el que meterse en la cama tiene que seguir necesariamente unas pautas marcadas, da igual a las que te refieras, ya están escritas.

Porque follar tiene que ser una jodida lucha de titanes; meterse en una guerra con el otro en la que uno de los dos tiene que salir victorioso y en la que el orgasmo más bestial del mundo tiene que ser tuyo a toda costa; y eso requiere de un egoísmo sublime con el que a fuerza de practicarlo, acabas produciendo un placer tan inmenso en tu contrincante que podrías matarlo.
Porque solo si buscas una satisfacción máxima personal produces la misma satisfacción, solo si te retuerces se retuercen, si gritas gritan, si bramas braman, si pides te dan…

Mmmmm….

Y esto, hay que vivirlo joder. Vivirlo y sobrevivirlo. Porque no de todos estos combates sale una indemne y a veces, no puedes más que subyugarte porque el contrario es más fuerte que tu: porque su jodido dominio ya te ha perforado hasta el intestino y su sexo no hace más que empujarlo… En ese caso, se llega a un éxtasis tal que el resto no cuenta… Y ya te da igual que la argolla apriete, o que al final él gane y la que mueras de placer seas tú sintiéndote vencida

Porque al final, después del fragor de la batalla una sabe que ha follado como se tiene que follar cuando sentada esperando a que te pongan el café de media mañana, miras al resto de vecinos de barra y puedes observar en sus pupilas reflejado tu deseo.

Y para entonces, joder, ya has tomado la fuerza suficiente como para emprender una nueva búsqueda, un nuevo combate, un nuevo gong que indique el inicio de una nueva batalla…

29 enero 2011

Otra vuelta de tuerca



Pensar que tengo que volver a compartir mis días con Helena, sus amantes, sus problemas, sus bolsos y sus bolsas y su afán por convertirse en la mujer más bella del mundo me aburre, sinceramente.
Y no es porque ya no la quiera, o que me parezca que ya no tiene las mejores piernas del mundo y que perderse en ellas pueda resultar tentador y atractivo pero es que, una tiene ya sus pequeños vicios, que son muchos además y una edad y una vida lo suficientemente compleja para compartirla de nuevo con una loca.

-Tacones, bah.. Sólo esta vez, que estoy muy agobiada, porfa, joder...

Abro la puerta y aparece con su sonrisa de par en par, abierta, franca y me abraza.

-Te veo muy desmejorada amiga.

Y entra con su maleta de piel a empujones mientras cierro mi puerta maldiciendo para mí.

Para que luego me digan que no existe el eterno retorno, ni que la historia no se repite y chorradas de ese tipo: el que lo afirme, lo juro, se queda con Helena, sus historias, sus perfumes y su maleta.

Yo, que últimamente estaba centrada en mi trabajo, en mi mucho trabajo, en música, more music y en un par de amantes muy interesantes y que tenía poco interés en complicarme más la vida, me veo ahora con una adolescente cuarentona que no sabe si va o si viene...

En todo caso, siempre es divertido tener alguien a quien decir: "Nena, te veo muy desmejorada" o por lo menos, a ella parece que le funciona porque fue decírmelo y sentirse mucho mejor.

Qué jodido es a veces tener amigos, eh?

08 enero 2011

Momentos Musicales... .. .

Al final no podía ser otra la canción... Ni más hermosa la letra...

http://www.youtube.com/watch?v=loNU4fVpO8E&feature=fvsr

06 enero 2011

Anotación de Diciembre


Lo mejor de intimar con un desconocido es el tacto y lo digo tan convencida porque de intimar y de desconocidos voy sobrada.

Recorrer una nueva orografía, empaparse de un mapa tangible ajeno, particular, único en su especie.


También el olor del otro tiene su importancia, pero no es tanta como dicen, ni tan necesaria, ni tan útil; porque si hueles de lejos su intención, de antemano aburre y eso no es buena seña, ni invita a la pasión ni al desfase; Además, los olores acaban por mezclarse en los primeros contactos, y ya no sabes si olías a ti o a él, o a ellos, o a ellas, y eso, de ninguna de las maneras, le permite a una concentrarse.

El sentido de la vista determina en los primeros contactos los contactos posteriores, y a veces se vuelve paradójicamente el sentido más ciego y es por tanto que, de todos, acaba siendo el más engañoso e inútil.

Y el sabor sólo cobra importancia durante momentos puntuales, cuando ya no hay vuelta atrás y hay que devorarse, y comerse, y saborearse, pero es secundario, porque nunca se llega a ese punto sin que el tacto no haya determinado el resto.

Ni tampoco tiene importancia donde nos conocimos, y digo que no la tiene porque no creo que a nadie le importe, excepto a él y a mí, que estábamos allí porque queríamos encontrarnos, o porque sabíamos que, al final, algo nos llevaría del uno al otro y justo en el sentido contrario y porque sólo en sitios así sabemos los de nuestra especie que nos encontraremos: el caso es que de estar a compartir cama juntos distó prácticamente nada (y eso no pasa siempre, pero cuando pasa es acojonante y no tiene comparación con cualquier otra cosa) y el tiempo y el espacio convergió en una habitación de hotel de esos que aceptan parejas que van a follar a cualquier hora del día y de la noche sin pedir DNI ni chorradas por el estilo.


Y me gusta que su peso casi me asfixiase… Su manera de lastimarme lo justo para no hacerme sufrir. Su sumisión ante mi insumisión sin remedio, ante mi sumisión impostada que me queda de lujo y que él conoce y sabe de mis posibilidades y por eso me exprime como si fuera de su propiedad... Que quien sabe si al final es su argolla la que encaja en mi cuello.

Me gusta estar con él mientras hacemos tiempo para seguir con lo nuestro.


Pero de todo lo que es él me quedo con sus palmas de las manos tatuadas en mi culo y sus susurros jodidamente obscenos, y su acento, y su cuerpo que lamí palmo a palmo para no perderme nada.


Y me quedo con su tacto y con que mañana lo más probable es que no nos volvamos a ver... (pero eso, ya es otra historia)

27 noviembre 2010

Sábado... .. .


Sigo con mucho trabajo. Con tanto que mi vida y mis amantes están en pause. Y me está sentando de maravilla este respiro de hombres que comparten mi vida y me comparten. 
Y no puedo evitar que me guste esta actividad frenética, casi paranóica, por más que me quede en los huesos o que al final enferme de hiperactividad.
Tal vez mi adicción a no estarme quieta es la única prueba fiable de que estoy viva y que sigo, y que no he muerto y que aún creo que todo es posible: hasta tú.

Mientras tanto... Pon música....

26 noviembre 2010

POR SI TARDO EN LLEGAR


Siempre llego tarde. O casi siempre (más bien siempre que puedo....) 

Porque... Siempre hay algo más interesante...

Algo que llama más mi atención... Algo que dejé para luego y luego ya es ahora...

En todo caso... Espero llegar a tiempo...

Y de nuevo hola, a los que siempre han estado, a los que están, a los que vienen...
(si no estoy, vuelvo en cinco minutos)

27 abril 2010

Un año después



Después de un año, mi compañero, mi camarada, mi hermano, mi amigo, el mundo sigue con su ritmo imparable y ya sabes, yo aquí, empeñada en hacerlo girar muchas veces del lado contrario, pero sólo por joderle un poco, manías que tiene una...

La vida ya me va tratando de tu, pero no siempre, no en todas las ocasiones, sería pedir demasiado.

Los hombres y las mujeres siguen follando y matándose a partes iguales, y esto no hay Dios que lo entienda.

Sin ti la literatura está más triste.

Aún no te he llorado como debía porque me duele aquí dentro no tenerte.

¿Y tú? ¿Qué tal? Seguro que cojonudo en ese cielo hecho a tu medida que te tendrían preparado allí: sin prisas, con mogollón de folios en blanco y un portátil estupendo con conexión ininterrumpida y gratuita a internet; Ya sé que no está la gente que quieres, pero no seas nervioso, que allí todos vamos a llegar a verte: tarde o temprano compartiremos contigo un café.

¿Sabes  cuánto te he querido compañero? Casi tanto como lo que me cuesta adaptarme a que mi socio, mi mitad ya no está aquí.

Y mira que lo he intentado, pero no es lo mismo. 

Estés donde estés, sabes que estamos contigo.

Te quiero.

05 febrero 2010

Una historia de lluvia, baños y canciones

Me gusta escuchar  a Nacha Guevara. Escucharla, sobretodo, los días de lluvia. Y me pasa lo mismo con Malevaje. Componen de manera casi perfecta, y entre otros, el tipo de música que me acompaña los días de lluvia. Tal vez algo de Chet Baker, sí señor y por qué no, pero esencialmente si llueve, y hace frío, y no tengo más motivos que los habituales para salir de casa, escucho esas desgarradoras voces y creo que así debe de expresarse el corazón, más o menos.


Más o menos, como quien no quiere la cosa, me voy enganchando a tu voz profunda. Solemne como una misa de funeral por bulerías. 


-Hola, buenos días Tacones...

-Buenos días, caballero...

-¿Qué pasó ayer?


Y ayer hubo una confusión, y no acudí o no acudiste, y no acudimos. Y de todas formas llovía y me seguía apeteciendo más volver a casa.

De vuelta, escucho ese CD maravilloso lleno de canciones del programa “Flor de Pasión” que debería ser recomendado como fármaco para alegrar el alma.

Y redescubro la canción “Parole, parole” y Mina me parece un genio. Bajo el cristal del coche y dejo que la lluvia me moje... Subo el volumen, canto en un pésimo italiano y sólo entonces me dan ganas de parar el motor, aparcar en cualquier sitio, llamarte y que vengas allí, y me hagas el amor, y me destroces, y nos ahoguemos juntos, y nos respiremos en ese mismo lugar...


Pero sigo conduciendo y la noche se hace un lugar cada vez más agradable.


Llego a casa tarareando la melodía...


-¿Qué tal Tacones, ya en casa?

-Buenas noches, ya estoy de vuelta...

-¿Otra vez la canción?

-Sí, otra...

-A mí también me gusta...

-¿Te apetece un vino?

-¿Contigo?

-Conmigo...


Seguimos con nuestro parole... Mientras hablo contigo subo al baño, preparo el vino...

Me apetece fumar y recuerdo que lo he dejado, que llevo casi tres años sin tabaco y, me invade una pena tremenda por haber abandonado ese vicio. Sí coño, una pena sin fin, vacía. Me consuelo sabiendo que volveré a fumar algún día.


-¿Sigues ahí Tacones?

-Sigo aquí...

-¿Qué haces?

-¿Te apetece escuchar “Construcción”?

-Siempre me apetece escuchar esa canción.


Me quito las botas, las dejo detrás de la puerta.

Me quito los calcetines, dejo el vino en el suelo, al lado de la cama.


-¿La oyes bien?

-Tienes un buen equipo, la escucho estupendamente... Una pena que dejaras el tabaco...

-Ya...

-¿Estás desnuda?


Vuelvo al baño, la bañera a medias, templada, la necesito caliente: esa sensación de que la piel se despega al entrar despacio en ella me excita.


El jersey sale alborotando el moño que a media tarde improvisé con una goma antes de comerme con sopas a un adolescente chulo que venía literalmente a molestar... Mierda, no me había quitado las gafas.


Caen al suelo, las recojo, las pongo en el cajón de la mesita.


-Siento lo de ayer...

-Yo no.

-Tacones...

-Un segundo...


Me quito la camiseta de propaganda horrible pero que abriga como una manta y que cubre mis pechos durante los duros inviernos granadinos...


-He terminado el vino...


Doy un sorbo al mío, lo vuelvo a dejar en el suelo.

Corto el agua de la bañera; la calefacción ha caldeado la casa.


-Se ha terminado la canción Tacones...

-No te preocupes, tengo un saco lleno de canciones...

-Cómo me gusta tenerte...

-...


Y aunque no me tiene del todo me siento algo suyo en noches como esta. Cuando el teléfono va más allá de la distancia, y le tengo cerca.


-Abracadabra...

-Sortilegio...

-Pero a mí lo que me gusta es volar...


Me meto en la bañera, dejo el vino en su borde... 


-¿Cómo vas a cambiar ahora las canciones?

-Con el mando a distancia...

-Ah...


Dejamos pasar el tiempo. Todo el tiempo del mundo. Suenan los Aterciopelados.


-¿Sabes?

-Si...

-Me apetece acostarme contigo


Me sonrío. Esa frase en su boca suena distinta a como es dicha por otros hombres. Su voz me excita tanto que sucumbiría al orgasmo sólo con que él me lo ordenase por teléfono. Pero esto él no lo sabe.


-Mucho, muchísimo... ¿Quieres que vaya?

-¿No te parece que existe una similitud sonora entre Mina y Astrud Gilberto?

-Conecta Gentle Rain...

-Sí...

-¿Qué me dices si me escapo, voy a tu casa, te secuestro y te violo?


Dime qué me vas a hacer, dímelo.


-Tacones...


Vuelvo a sonreír en mi bañera, con mi copa, mi espuma, mi ropa por la habitación, la lluvia, las gafas en la mesilla y las canciones; Sólo me falta tener un gato que maúlle a la luna.

Es un momento excelente para darme cuenta de que soy feliz. Que no necesito más cosas, que puedo morirme en este instante que no tendría que volver para terminar nada, ni siquiera el polvo que va a quedar pendiente para los dos esta noche.


Suena “Mañana de Carnaval” y recuerdo “Orfeo Negro” y a Jose Luís, y qué será de él en estos dos últimos meses que decidió marcharse de casa por ya no sé qué vez. Necesitamos nuestros espacios, lo sé, lo sabe.

Recuerdo también las tardes de domingo con su risa.

Recuerdo a Eddi Vansi. A David y su voz que también perdura como un clavo en mi memoria, y le echo de menos.

Y recuerdo a mi padre y su acento portugués y pienso que debo llamarlo mañana mismo.


-¿Estás ahí?

-Más que nunca...

-Sé lo tuyo con Astrud Gilberto

-Y yo lo tuyo con Henry Miller, pero ahora no vamos a reprocharnos nada...

-Cada uno tiene lo suyo, eh?

-Sí...


Y tras esa canción otra, y otra más, infinitas...

Y se acabaron el vino y la espuma pero no las ganas. 

Se secaron las gotas de vapor por los baldosines del baño, pero no las palabras.

Se agotaron las sales, pero no los motivos. El agua casi fría... 


Se acabaron la batería de su móvil y la de mi inalámbrico. “The end” y a dormir.


11 diciembre 2009

Estas pequeñas cosas

-Mamá...
-Dime cielo...
-¿El Señor está llamando a la abuelita?
-Eso parece cariño, pero nosotras no pensamos cogerle el teléfono...

Y nos quedamos las dos mucho más tranquilas.

08 octubre 2009

Al fin, tú.

Al final, lo que me sirve de consuelo, que no es poco pero que ayuda, joder, es saber que siempre hay alguien al otro lado, al final de mi cuerda floja, de mi vida, de todo esto que apuesto ser yo.
Al final, al cabo de mi tiempo, de éste que no se acaba por mucho que yo le ponga peros, y pegas y en el que cada día las cuestas son más cuesta arriba, lo que de verdad hace que merezca la pena estar viva es saberte. A lo lejos. Tras ese espejo de Alicia que siempre estoy por cruzar y que no cruzo porque no me sale de los cojones. Básicamente por eso. Por eso y porque siempre espero que seas tú quién vuelvas sobre tus pasos y me encuentres al final de mi escalera.
Al fin, cuando estamos ya casi de vuelta de nuestro todo, y nuestras rutinas son más nuestras que nunca, y tampoco queremos deshacernos de ellas, qué coño (porque son nuestras y nos han costado millones de noches en vela y vigilias de alcohol) es cuando nos damos cuenta de que más allá de nuestras vidas hay vida: una vida que no es nuestra, que no nos pertenece. Ajena. Una vida cojonuda, envidiable y contigo al fondo, joder, sin volver sobre tus pasos y sin que yo avance pisoteando los míos; Una vida que dejamos olvidada una noche en una esquina después de una monumental borrachera, pero una vida, al fin, que nos es terriblemente familiar: nuestra puta vida pero vivida por otros, qué error tan trágico del destino.
Y en medio de esa compleja red de realidades vivas y enmarañadas, yo estoy en el centro por si acaso la virtud, tú ya sabes. Engullida en ese mar de la araña con millones de caminos por recorrer y sin más remedio que estar pegada a mi trozo de tela, sin avanzar y creyéndome la jodida Reina de Saba.
Al final, si hay algo que he aprendido en los últimos tiempos, es que no hay nada más allá de nosotros que no sea lo que deseemos, lo que nos viene exigido desde las mismísimas vísceras. El deseo en sí mismo. Por eso, vuelves sobre tus pasos, y yo me acerco. Y no hay más distancia que la distancia entre el ron y tú y yo. Y eso, joder, eso es un lujo: es el puñetero lujo de escapar de la tela de araña.
Porque da igual que el mundo se caiga sobre nuestras cabezas, que ésta sea la era de las telecomunicaciones o que se descubra una vacuna para curar la estupidez humana, da igual todo eso en comparación con el deseo. Ese jodido motor que mueve al mundo con su maquinaria discreta que avanza desde las mismas entrañas de la tierra.
El deseo de acercarte. Sí a ti.
Simplemente el deseo. Nada más.

(Un “sorbo” por ti. En tu memoria. Te echo de menos.)

09 agosto 2009

"...Volver a los 17, después de vivir un siglo..."

Antes, cuando era más jóven, me refiero, me gustaba pasar la noche en vela follando. 


Así, como suena. Sin hacer otra cosa con mi partener que eso. Bueno, alguna otra cosa también, pero relacionada de manera inexorable con el sexo. 

Toda una noche dale que te pego al asunto. Sudando, dejándonos la piel en cada movimiento. Aplicando en cada nuevo acto todas nuestras fuerzas, echando el resto; como animales salvajes en plena lucha, como si aquellas noches y aquellos polvos fueran los últimos de nuestras vidas, o de aquella noche, que era mucho peor que el fin del mundo, porque sabíamos que tras terminar ya no tendríamos nada. 



Qué cansado.



Ese ímpetu lo dan los años, claro. 

De ningún otro modo el sexo vuelve a ser experimentado con la misma intesidad que cuando aún no pisas la veintena. 

Es en ese tramo de la vida, cuando tampoco tienes otras preocupaciones que no sean las destinadas a procurarse placer, o a procurarles placer a otros (siempre y cuando revierta también en una, eso sí) el sexo es algo así como el epicentro de la existencia.

Son unos años de autocomplacencia, de cañas de cerveza y tabaco, de algún aditivo ilegal y todo el tiempo del mundo para servirnos.

El descubrimiento de un buen polvo hace que el resto no tenga importancia,  y joder si se convierte en lo más importante: "quiero ser la mejor folladora del mundo", o "follador", según el caso.


Sin más que el yo en primera instancia y el yo en segunda y tercera, el estar con otro es una puesta a prueba de las habilidades de uno mismo.

 

Conforme los años pasan, el sexo se enriquece.

Jodido tópico certero, pero con matices.


Más que enriquecerse se reconforta uno con él. 


En la mayoría de los casos, llegados a una edad, el sexo se condiciona a la vida, a lo que de ella hemos hecho y al final acabamos follando como vivimos y en la cama somos una extensión de la oficina, de la empresa, de todo lo que conforma nuestra cotidianidad, nuestra rutina.


Para mí el sexo conforme han ido pasando mis años, se ha convertido en algo menos importante, menos serio, más de disfrute de los sentidos sin prestar demasiada atención a ese afán orgasmal.

Ahora es mucho más divertido que cuando comencé a practicarlo; De mucho más provecho que en mi época juvenil.

Ahora es cuando el sexo es verdaderamente sexo, porque comenzamos a sacarlo de nuestra cabeza para convertirlo en un verdadero juego de los sentidos.

Y eso que tengo menos tiempo y más preocupaciones, y más complicaciones de pareja, y más parejas complicadas, y días más largos que cuando tenía veinte años, y noches que se me hacen mucho más cortas, y hombres y mujeres tan  infelices en algunos casos, que al final, en la cama, acaban necesitando más de psicoanálisis que de orgasmos.


Si no viviera el sexo como lo vivo, yo no sería yo. Ni el sexo sería sexo para mí. 


Y mira que, a veces, echo de menos un vuelta a los veinte (pero eso sí: sabiendo todo lo que sé ahora, ¿no?)


05 agosto 2009

La Terraza

Hace calor... .. .

No importa.
Apenas importa que el cuerpo se impregne de este olor mezcla de arena, sal y aftersun. Este olor tan de verano, tan a nuevo cuando son las nueve y media y me esperas en la terraza, y miras al mar, y el horizonte parece recién descubierto por nosotros.

Y me gusta observarte sentado de espaldas al resto del mundo. Ver como el  infinito se estrecha a través de ti. 
Tu nuca.
Tu particular manera de mover el cigarro antes de meterlo entre tus labios, como te estiras hacia atrás y te arqueas. 
Y tarareas alguna canción en el rumor de la tarde que cae.

El quicio de la puerta se entorna mi refugio. 
Desnuda.
Me pareces el lugar más reconfortante en el que pasar el resto de mis horas.
El resto de este día.

Me siento junto a ti.
No cruzo las piernas.
Respiro el aire que respiras.

Y por un momento creo que no necesito otra cosa.

22 junio 2009

MI PUNTUAL INOPORTUNO DE SIEMPRE

Tiene, entre otros cuantos, el don de la inoportunidad. De la inoportunidad para conmigo y mis estados de ánimo, me refiero.


Lo hace de natural, porque le sale así y no sabe ser de otra manera, ni redimirse, ni modificar un ápice esos detalles estúpidos que le hacen tan él; Esos vicios convertidos en monólogos sobre su mísera existencia.


Me enerva. Lo consigue. Aún no sé como se las apaña para sacar lo peor de mi trastienda, para dejar al desnudo junto con mi cuerpo mi mala leche y mis peores formas; Y tal vez por eso nos odiamos sólo lo suficiente y nos conocemos de ese modo tan peculiar, tan desgarrador y tan bello que es ser, al fin y al cabo, uno mismo.


En su espontáneo empeño, él es capaz de descentrarme solo con observar su número en mi móvil. Porque sé que aunque pasen los años, con él las cosas no cambian: para cuando pisa el felpudo ya ha vomitado la segunda parte de su perorata y antes de llegar al término de su discurso ya estamos follando en el suelo como si esa vez fuera la última. Pero nunca lo es y la escena se repite en un eterno retorno.


Y caemos en los mismos pecados varias veces al mes.


Llega a casa tras pegarme la brasa por el móvil (está tan obsesionado con sus rutinas que incluso creo que sigue hablando de lo mismo cuando ya le he colgado): que si su mujer, que si sus hijos, que si su vida, su trabajo, sus amantes y sus no sé qué más que le hacen tan infeliz. Tan infeliz que disfruta en su insano masoquismo de lo que tiene, de lo que ha conseguido y que tanto detesta. 

Tan infeliz que prescindir de su infelicidad sería su ruina; se derrumbaría, saldrían a flote todas sus miserias que tanto entretiene con sus cotidianidades y se pegaría un tiro en mitad de la ciudad, no sin antes llevarse por delante a unos cuantos, porque eso sí, las cosas para él se tienen que hacer a lo grande y por supuesto, llamando la atención: Él no  nació para morirse en el anonimato.


Con los años ha ganado la dosis de locura justa que la madurez guarda para los artistas. A su aire desdeñado de bohemio venido a más, no le desentona esos monólogos sobre su vida, ni su mujer hermosa, ni su par de críos criados en los mejores colegios privados. A él le va como anillo al dedo su desgracia particular y sus amantes; sus ratos libres en los que sale a pintar a desconocidas imaginándoselas desnudas y los momentos de snob en su estudio pedante al que lleva a las mujeres para follárselas con la excusa de que son sus nuevas musas. Él no tiene remedio. Y las vuelve locas.


Y joder, lo que ha ganado con esa barba entrecana.


Le quiero por los años; por nuestros años. Por los que hemos pasado juntos y los que nos quedan; porque será así por los restos de los restos, porque no sabe vivir sin su mujer, sin sus mujeres, sin mí; Por ser un escritor anónimo cojonudo y saber recitarle a la noche como ninguno; Por haberme empapado de su prosa, y su verso, y su sudor, su sexo y su vida. Por haberme hecho unos retratos cojonudos sacando todo lo perro que hay en mí. Porque me hace sonreír de manera inconsciente, por su soltura en la resolución de los temas más complicados, por ser un hombre peculiar que me gusta. Por su inoportunidad eterna. Por su prisa, por su impaciencia.


Porque de vez en cuando no hay nada mejor que encontrarte con alguien así, tan auténtico con sus miserias siempre a flote.


Y coño, porque folla de puta madre, para qué negarlo.


-Joder Tacones, déjame vivir aquí contigo.

-Quédate.

-Pero yo sólo; Lo dejo todo y, el resto, lo que nos quede, juntos. Sin nadie más: tú y yo. Sin mis amantes, sin tus hombres. Solos.

-Claro que sí...


Porque claro que sí.


Y sé que todo lo que me dice es una gran mentira para él mismo, su gran escudo que precede a un gran polvo. Porque lleva toda la vida diciendo lo mismo a todas sus amantes, porque es incapaz de romper con su mujer a la que adora. Y porque sabe desde antes de que conociera a su mujer y a sus amantes, y a su incipiente locura, que mi no a un compromiso con él fue rotundo y no porque no le quisiera, sino por no estropear algo tan de verdad. Tan jodidamente auténtico.


-Cásate conmigo Tacones.

-Me caso contigo.

-Te lo digo en serio tía, joder, no seas así: nos conocemos, somos colegas, encajamos, nos reímos juntos, me comprendes... 

-Te comprendo, te comprendo estupendamente...


Tengo la vida que he elegido, me digo algunas veces como justificándome: tengo lo que quiero, lo que merezco, lo que escojo según el día o la noche, o la persona, o mi estado. No tengo más compromiso que el de estar viva, y por ahora, tengo la firme intención de cumplirlo a pies  juntillas.


Y mientras, bebemos una cerveza en la cocina, y  se pasa nervioso la mano por la cabeza  y por su barba. 


Me mira.


Yo me voy desnudando mientras él sigue con sus propuestas sobre nuestra relación futura y pienso en cuanto me apetece que me tumbe en el suelo, y me lama entera, y se deje de lo que podría se que no va a ser, y se calle de una vez, coño,  y que  despeje el pelo de la nuca y me bese, y que se monte a mi grupa y cabalgar...


-Joder Tacones, dime algo.


Le diría muchas cosas, pero no me apetece y la consulta en casa no es gratuita.


Y salto sobre él para acallar su monólogo tan conocido, sus cuatro jilipolleces de hombre cansado. 

Me agarro a su cuello y cierro su cintura con mis piernas.

Y el tacto de su camiseta en mi sexo me excita...

Y le beso. Me agarra del culo y me eleva lo justo para que el roce sea más intenso. 

Y me sonríe porque sabe lo que viene ahora, porque el sexo así es sexo del bueno: del que no espera luego ninguna frase hecha, ni ningún cumplido, ni dormir juntos y abrazados. Nuestro sexo es el que se disfruta en el momento: y después vendrá lo que tenga que venir, pero ya está hecho.


Y me gusta, coño. 


Me gusta tener sexo así con él. Se entrega de tal forma que me parece casi increíble que su mujer no tenga ni la menor idea de que un hombre que jode tan bien necesite para explayarse más de una amante. Esa mujer criahijos ha perdido el norte, y el sur, y de paso, al hombre (probablemente) de su vida. No tiene ni idea del tío tan cojonudo que llega a casa todas las noche. Del jodido inoportuno que se acuesta con ella y se la jode por norma un par de veces en semana, por continuar con su rutina.

Cuantas mujeres como ella no descubrirán nunca a sus parejas como amantes.


Luego, cuando terminamos y él fuma, y ese cigarro suyo me sabe a gloria, y acabamos nuestras cervezas, y ponemos música y él comienza a irse, me sigue sorprendiendo su candidez, su beso en la mejilla, su “ Joder Tacones...” como en una especie de disculpa por lo que ha hecho (disculpa que, por otra parte, corresponde expresamente a su mujer).


Y me sigue sorprendiendo mi fidelidad: a mis amantes, a esos con los que decidí compartir mi vida y que me saben hacer feliz a su manera (que el resto de mi felicidad es eso, mía y ya lo pongo yo). Que me aportan una vitalidad y un aprendizaje importantes, y me sirven en no pocas ocasiones de conejillos de indias (pero ellos ya lo saben).


Sólo Jose Luís es capaz de ponerme en la cuerda floja, sólo él sabe que seré más suya que de otro cuando no sea de sexo de lo que se trate. Y eso me inquieta.


Tal vez con los años lleguemos a entendernos lo suficiente... 


Porque tal vez.