19 abril 2006

Al lío



De nuevo de vuelta.
Sí, que poco dura lo bueno, y lo excelente un jodido suspiro. Pero qué suspiro, eso sí.
A día de hoy, aún no he podido formalizar mi rutina semanal, y mis amantes están de un humor de perros. Pero esto es lo que hay. Hasta que no ponga un poco de orden en mi casa, en mi pajarraco, mis papeles y mi alterego, no hay “tío páseme usted el río”.
Todo está en pause excepto Jose Luis, que haciendo mal uso de nuestra confianza, ha terminado por dejar unos tímidos slips en el último cajón de mi armario japonés maravilloso.
No le he comentado nada del detalle. Aunque les parezca extraño, me gusta verlos ahí. No me incomodan.
Anoche estuvo aquí, primero para intentar arreglarme la lavadora, que se ha ido a tomar viento no sé qué de un tubo por culpa de la cal, luego que si unas cañas, “venga Tacones, vemos House y me largo”, algo de picar, y como era previsible, volvimos a echar un polvo.
“Qué quieres, me dijo, esta Semana Santa no he visto más que vírgenes”.
Jose Luis comienza a llenar demasiadas horas en mis días. No me importa, sigo con mis amantes, ya saben ustedes: menos martes y jueves, sigo con mi quehacer autómata, sigo en plena conquista de ese desconocido vía mail, sigo, que no es poco.
Y él conmigo, silencioso, casi como si no estuviera. Convencido, en última instancia, de que si se hace un ser visible por completo, esta Tacones le mandará al pairo sin contemplaciones.
Porque me conoce.
Porque son muchos años los que hemos pasado juntos en vela.
No sé donde terminará mi extraña relación con Jose Luis...
Tampoco me preocupa demasiado…


P.D.: Me alegro muchísimo de verlos a todos de vuelta!
P.D.: ¿dónde estarán los mozalbetes como el de la imagen?

12 abril 2006

En estas fechas tan señaladas...

Llevo colocada con el olorcito a incienso y a azahar desde el Domingo de Ramos.
Hasta el lunes tras la Semana Santa, esta Tacones no dejará de usar las sandalias a ras de suelo, las faldas de flores y las camisas de lino, dejando aparcadas las alzas ortopédicas con las que, habitualmente, anda.
Disfruten ustedes de estas minivacaciones como prefieran: hagan el amor, follen o métanse debajo de un traje de nazareno, o del paso, incluso, pero disfruten.
En estas fechas, beatos y ateos se dan la mano para disfrutar, cada cual a su manera, una "Semana de Pasión".

04 abril 2006

Mañana de Martes


Amanezco con una resaca merecida. Ganada a pulso.
De nuevo, al levantarme, me he hecho la misma promesa rutinaria de todos los martes: "Voy a dejar a Pablo".
Sé que estas palabras mágicas son mentira.
Me enciendo un pitillo.
Pongo la televisión, Telecinco, para más señas. El señor de todos los días con voz de informativo me pone al corriente de lo que pasa en el mundo. Lo que él no sabe es que me importa una jodida mierda lo que pase, que yo le quiero como voz de fondo.
Voy al baño, descalza, por pereza.
Me doy cuenta de lo desordenada que está mi casa y de que pronto tendré que llamar de nuevo a la asistenta, aunque sé que se lleva de perros con mi pajarraco chillón.
Me siento en la taza del water y medito sobre lo último que estoy leyendo. Me gusta el tono de Lolo Rico, es fresca. Pienso que de mayor me gustaría ser como ella… Pero qué coño. Ya soy mayor.
Hoy me espera otro desesperante día de trabajo.
Me desnudo.
Me gusta desayunar desnuda con el presentador de los informativos de Telecinco mirándome desde el otro lado.
En la cocina: el café del día anterior todavía me da para una taza para el de hoy. Unas tostadas con aceite y miel porque me parecen el alimento ideal para una noctámbula como yo.
Y un zumo de bote que me permita digerir el sexo con Pablo.
Luego vuelvo al baño. Me meto en la mampara y me siento como una pasajera de una nave nodriza: allá estoy aislada del mundo.
Me gusta el mango de mi ducha. Es la única forma fálica fiel de todas con las que me relaciono.
Le doy al agua caliente: para mí es necesario que queme al principio.
Primero la cabeza… Luego detrás del cuello…
Nada tiene importancia cuando el agua cae a borbotones detrás de mi cabeza.
Los pechos… Primero el izquierdo hasta que se encoge y se pone erecto. Luego el derecho: misma hazaña.
El vientre. El ombligo.
El pié izquierdo y subo hasta la ingle.
El pié derecho y subo hasta la ingle también.
Mezclo el agua caliente con la fría hasta que la temperatura es ideal para mi sexo.
Y subo despilfarrando millones de gotas desde la ingles, que junto con fuerza, hasta el pubis.
Luego, detrás.
Cierro el grifo.
Tomo el champú y masajeo la cabeza.
Lleno la esponja de ese jabón aromático de lilas que fabrica Pablo.
Me embadurno.
Abro de nuevo el grifo.
Lo enfoco directamente a mi sexo. Mis piernas se entreabren un poco más.
Inclino mi mango de forma tal que el agua entre en mí pero manteniendo aún la distancia justa del deseo.
Pellizco mis pezones. Los acaricio. Me los acerco hasta poder lamerlos.
Mientras…
La espuma se va escurriendo por mi espalda… Se enfría… Todo el calor se centra donde quiero.
Acerco aún más ese chorro tibio hasta que el mango roza mis labios.
Me arqueo.
Me apoyo en la pared y vuelvo a dejar colocado ese mango para que el agua no se detenga.
Me acaricio.
Te pienso.
Recreo cada uno de tus mordiscos en mis nalgas.
Introduzco primero un dedo siguiendo el ritmo del agua.
Jadeo oyendo de fondo al periodista de Telecinco.
Y tras introducir tres dedos de mi mano derecha, sucumbo orgiásticamente a esta jodida adicción onanista.
Luego la rutina se abre paso.
Me visto con la prisa del saber que llego tarde.
Cojo las llaves del coche, algo de dinero.
El maletín atiborrado de papeles que siempre digo de limpiar: pero en él, el caos es orden.
El tabaco.
Salgo cerrando la puerta tras de mi.
En el ascensor me dedico un beso, retoco mis labios con mi dedo índice. Enderezo el cuello de mi camisa, coloco el collar, atuso el mechón moreno que me cae rebelde por la frente.
Salgo del portal de casa con la sensación del deber cumplido y un buen orgasmo en el bolsillo trasero de mis tejanos.



28 marzo 2006

Sexo contigo


Treparte.
Saltar hasta tu grupa.
Enfundarme en tu sexo…
Meterme en esa especie de espiral que forma tu ombligo desde un ángulo imposible.
Terriblemente atrapada entre tus piernas.
Excitada hasta lo sublime mirando un techo que se entorna cada vez más bajo.
Darme la vuelta.
Percibir un peso en movimiento en mi espalda.
Tomarte las muñecas mientras estás dentro.
Arquearme.
Voltearme en una acrobacia de circo para encontrar tu media sonrisa de vuelta.
Gemir hasta quedar exhausta.
Permitir a la lujuria enredarse en mis muslos.
Entreabrirme de nuevo.
Sentarme a fumar un cigarrillo mientras lees a Blake.
Lamerte el costado.
Apartar al autor y no besar tu boca.
Notar tu risa acariciando mi sexo, tu lengua dibujando un trébol…
Hacer sexo contigo con la ventana abierta.
La luna mirando con sus lentes de cerca.
Permitirte el paso en mi cuerpo.
Ofrecerte mis senos como un último refugio.

Tener sexo contigo ha sido sorprendente.
Después de tantos años.
De tantas noches.
De tanto.

Para cuando leas ésto, José Luís, estaré de nuevo con el albornoz a medio poner, el pelo a medio secar, el libro en el suelo, y unas ganas terribles de revolcarme de nuevo contigo.

Pero, que no sirva de precedente sentimental la noche del domingo pasado.

Esto es sexo, camarada, amigo.




24 marzo 2006

Casualidades


Fumo demasiado. Tengo tendencia a las adicciones y mi alterego está demasiado ocupado escribiendo por ahí. Le reclamo, le solicito y me dice que me den por la punta del tacón, que tiene otros menesteres, que cumple contratos de cotidianidad y que, frente a eso, mis historias pueden irse a hacer puñetas.
Es lo que tiene tener un alterego escritor, egocéntrico y snob.
Esta mañana me llama Jose Luís antes de las siete. Pensé que se había caído de la cama, o que le habían echado, o que su última amante lo despidió antes de que le diera tiempo a quitarse el condón.
Me dice que si ayer vi la nueva serie de Televisión Española, “Con dos Tacones”, le dije que no, que ayer Jueves, estuve con Helena e Igor: me invitaron a una cena de rancios poetas en casa del primero. Y que, como bebí demasiado para no escuchar la estructura de la neopoesía, cuando llegué a casa sólo tuve tiempo de cerciorarme de que llevaba mis bragas puestas y meterme en el sobre.
La angustia de su voz se transformaba por momentos en asombro.
-¿Por qué has vendido tu vida a una productora de series sin pedirme permiso?
Entre la resaca y las prisas para no llegar tarde al trabajo no sabía exactamente de qué me hablaba.
-José Luís, cambia de camello, por todos los astros, que te está vendiendo mierda ¿de qué me estás hablando?
Y me cuenta, que en esa serie de estúpidas marujas, de desesperadas a la española y de guiones burdos, según su opinión, Lorena Verdum representa, para él sin dudas, mi vida, o por lo menos, me refiere que las coincidencias son tantas que le dio hasta miedo… Sus palabras se trababan, acelerado me comentaba todos los detalles…
Yo me eché a reír, sobre todo porque no pensé que un Jueves Jose Luís se dedicara a ver TV en vez de fotografiar el mundo.
-Ya ves, Jose, cada vez somos más las que salimos del armario sentimental y declaramos de forma rotunda las relaciones sin ataduras con hombres bien atados…
El pobre, que me había animado allá por Noviembre a iniciar un blog donde anotara mi vida, porque le parecía original (y para mí pura rutina, sin excentricidades, una vida simple como una mata de habas) se vio apenado por ver que “Tacones hay más de una”
-Joder, podrían haberte llamado y pedirte opinión, porque, para qué engañarnos, a Lorena Verdum no me la imagino como te veo a ti, encaramada al mundo sobre unos tacones…
Hemos quedado para el martes que viene para, con la excusa de tomar una caña, tomar instantáneas de nuestra ciudad…


P.D.: Tras tantos años con los sicarios de ETA acechando a la vuelta de la esquina, hoy es un gran día. Brindo con mucho gusto por nosotros, por la libertad y que se vaya al pairo la prudencia, que no se escribieron las grandes historias con personajes prudentes precisamente…

Hoy más que nunca…: SALUD..!!

21 marzo 2006

Carmen

Mi compañera de trabajo es de esas personas a las que deberían hacerlas fijas anunciando cualquier cosa en televisión. Lo tiene bien fácil: siempre sonríe, pase lo que pase, ya se caiga el edificio de enfrente, arda nuestra planta, impacte un meteorito en su mesa o el jefe vuelva a acariciarle la nuca y a indicarle que vaya a su despacho, ella siempre sonríe. Y no sé por qué narices lo hace, porque motivos no tiene últimamente para ello: su último novio la dejó por una fulana diez años más joven, su hijo no le hace ni puto caso desde que descubrió su otro yo en msn, sus amigas están a base de diacepam pasando las horas muertas en sus casas y, para colmo de sus males, su trabajo depende de lo bien o lo mal que le salga su felación matutina al jefe.
Pero ella sonríe, siempre sonríe.
Y además, tiene un sentido del humor que para mí quisiera después de muchos de mis orgasmos.
Carmen es de esas personas que el destino te pone al lado para verle el chiste a la vida, y es que, no hay cosa surrealista que no le pase a ella:

- Ay, Tacones, si vieras lo que me pasó ayer.

Y no sabría decir qué le ocurrió, pero que trasnochó y que se bebió hasta el agua de los floreros lo expresaba a gritos ese maquillaje como de barbie en manos de una niña.

-Ay niña, Tacones, ven que te cuente. ¿Nos fumamos un pitillo?

Aún a pesar del frío, de la lluvia, y de la primavera de las narices que me pone de los nervios, la acompañé a la calle…

-Anoche salí, Tacones…
-Ya, tienes unas ojeras que lo confirman, Carmen.
-Pues nada nena, que me fui de copas con María, ¿sabes quién te digo?

Y aunque no tenía ni idea de quién era María, le dije que sí, en caso contrario, hubiera seguido su conversación ineludiblemente de un: “sí, joder, la novia del que era amigo de mi ex, esa tan mona que se alió conmigo cuando…” o algo por el estilo.

-Ya, ya, María…
-Tacones, qué noche más absurda. Qué mierda pillé, a mis años, qué vergüenza. Como si ahora tuviera 25, por Dios, si creo que hasta le tiré los tejos a la camarera del "22".
- Hombre, Carmen, la camarera tiene su aquel…
- Calla, calla…

(Como si la jodida me dejara hablar)

- El caso es que llegué a casa sobre las cinco de la madrugada, imagínate, borracha como una perra, casi a cuatro patas. Total niña, que llego a mi cuarto, enciendo la luz de la lamparita. Y me voy al baño.

Pensé, “Tacones, vete a por un cartón de tabaco que las historias de Carmen se sabe cuando empiezan, pero no cuando acaban”

-Pues eso, que me voy al baño y me bajo el pantalón para mear… Ay, Coño!!! No tenía bragas!!! Como te cuento Tacones. Total, me subí el pantalón y me fui al dormitorio otra vez.

Para haceros una idea de cómo es Carmen, no tienen ustedes nada más que ponerle la cara de “La Charo”, el nuevo fichaje de “7 vidas”, ni adrede las dos podrían parecerse tanto.

-Jajajajja joder Carmen
-No te rías, llego al dormitorio, tú sabes que yo en mi techo tengo estrellitas de estas tan monas que lucen en la oscuridad…
-Sí, lo sé… (Como para no acordarme del montaje en plan Planetario que tenía Carmen en el techo de sus aposentos)
-Pues me encomendé a ellas: despacito miré al techo, desabroché el pantalón, me lo bajé deprisa y me miré… Nada, allí estaba mi chocho pelón al descubierto… Me lo volví a subir, me lo volví a bajar… Ni rastro de las bragas, Tacones.

Ya podía yo imaginarme a Carmen mirando deprisa sus partes bajas y subiendo y bajando el vaquero en un intento de que, como por arte de magia, aparecieran las bragas.

-Pues nada nena, que llamé a María y le pregunté que si me había liado a algún varón aquella noche, que digo yo que me hubiera acordado, pero hija, no sabes lo mal que me siente la bebida a partir de la quinta copa, y nunca se sabe, que hay hombres que te la meten y ni coscarte… Yo a María no le dije nada de lo de mis bragas, qué pudor Tacones… María coge el teléfono, y me dice que no me he acostado con ningún tipo, por lo menos que ella recuerde, hija, y voy a colgarle el móvil y me suelta: “Oye, Carmen, y que las bragas las tienes en el 22, córtate un poco guapa, porque la camarera dice que otra declaración de amor como la que tuviste con ella anoche y nos prohíbe la entrada”

Exploté de risa, pero con una carcajada como hacía tiempo no soltaba…

-Tacones coño, no te rías que aún se me ponen los pelos como escarpias… ¿En qué estaría yo pensando para quitarme las bragas y dárselas a puñetera camarera?

Sin parar de reír, comprendí por qué Carmen siempre tiene esa sonrisa en su cara, por qué la vida es un chiste y, por qué para el jefe es tan sencillamente fácil tener sexo con ella.

Carmen, Carmen, que sería de mis cigarrillos laborales sin tus historias…

15 marzo 2006

Por ti, Javier Krahe. Para ti, "La Frutera"



Tengo el aspecto del homínido más viejo del mundo.
Del que ha corrido por todas las calles empedradas.
Del hombre que huyó de las guerras, en pleno fragor de la batalla…

Tengo, la aspereza que da la voz ronca
El mal humor de los necios…
El porvenir arruinado…
Las canas de todo el inserso
El corazón de hojalata…

Tengo todo lo que quiero:


Menos tus manzanas redondas…

Tus peras redondas…

Tus labios con tus palabras a gritos…
Gritando “niñas, no se vayan”

Y si bajo por mi escalera
Corbata asida…
Temblando el pulso…
Miedo me da si pienso
Que vas a morderme el fruto…

Frutera de mis delirios…

Y yo…

Viejo hombre de mundo...
Paseante de calles empedradas…
Cobarde que viró la vista,

Me muero por tus peras y tus manzanas…

Frutera de mis erotismos...

Que nunca me vi en el trance de pensar,
que hacerte el amor en el mostrador
Me costara más que hipotecar mi casa...



10 marzo 2006

La Frase


Ayer estuve con Jose Luís rememorando viejos tiempos. Tomamos una caña saboreando una noche andaluza que, aunque fresquita, dejaba ya entrever atisbos de una primavera inminente...

-Tacones, me gusta estar contigo...
- Y a mí también contigo, Jose Luís...

Sacó su cámara y fotografió la imagen de la cabecera...

Dijo una frase que hizo venir de golpe nuestros peores tiempos...

- ¿Sabes? La vida es una mala noche en una mala pensión...

Y se quedó tan agusto...

Pedimos otra ronda, y así, escuchando la percursión de ese grupo callejero nos dieron las tres de la madrugada...

08 marzo 2006

En Construcción


De pronto escuchas una voz del preconsciente a la que quieres acallar de todas las formas posibles, pero parece tener vida propia.
Hojeas el blog que te gusta, ese otro en el que escribes, aquel al que tienes cariño, el que te sorprende, la historia que te engancha, el que te enseña, el que te excita, incluso ese que te pone de una mala hostia exquisita. Y todos ellos tienen un puñetero punto en común: están jodidamente bien ornamentados. Tan completos, tan con sus dibujitos, sus reseñas, sus comentarios, sus fotos tan bien colocadas, sus fondos…
Vuelvo al mío, y me da la risa floja.
Debí nacer hace menos años, o en todo caso, aprender el idioma “informático-castellano”.
Porque a pesar de haber pedido ayuda a gritos, de haberme sido dada, y de sentarme con una tila alpina, una cajetilla entera de pitillos y todo el tiempo del mundo, esta Malditos Tacones, es incapaz de traducir los pasos que me van indicando…
Me he dado por vencida, me quedo con este blog tan naif, tan simplón.
Qué soy una torpe, que vale, que lo sé, que Jose Luís, no me mates por no tener ni idea de cómo mejorar esto… Pero bueno, tú tampoco coño, y no te digo nada…
Que si me quieres buscar en otra parte mucho más bonita ya sabes dónde encontrarte, mientras tanto, no me des más caña, que te juro que lo he intentado, pero chico, no me sale. No hay manera.

P.D.: Busco guía espiritual que ilumine el camino de la sabiduría decorativa de un buen blog.

07 marzo 2006

Un ejercicio difícil


Cinco lugares donde morir:
En un híper a primeros de mes.
En una conferencia de Arrabal
En un recital de poesía
En un OVNI
En la gloria

Cinco series de TV:
Doctor en Alaska
Friends
La cabeza de Hermman
Monk
A Golpe de Bisturí

Cinco Películas inolvidables:
Naúfragos
The man on the moon
Mediterraneo
La Ardilla Roja
Lolita

Cinco libros imprescindibles:
La Espuma de los días
Los Bogavantes
Sexus
Se busca una mujer
Aurora

Cinco canciones inmortales:
Hotel California
Indian Summer
La Tormenta
Rompecabezas
Óleo de una mujer con sombrero

Cinco trabajos interesantes:
Ama de llaves del Vaticano
Catadora de dulces de chocolate
Filósofa
Probadora de carmín para labios
Zapatera

Cinco que debieran continuar (aunque no lo van a hacer, digo yo. Joder, lo mismo corto la cadena y me cae una maldición bíblica o vete tú a saber…)
Fracasar no es fácil: Eddi Vansi (
www.bestiario.com)
Al fondo a la izquierda (
www.ideal.es)
La Trinchera Cósmica (www.bestiario.com)
Antona (
www.aantona.blogspot.com)
Reflexionesdeuntrasto(www.blogs.vivito.net/blog/reflexiones_de_un_trasto)

Siempre he pensado en la inutilidad de decidir, que conste, aún así, me ha gustado el ejercicio.

25 febrero 2006

Tal vez


En un alarde de bestialismo a una le da por escribir. Por retener impresos retazos de su cotidianidad enclenque, burda.
Para el fin de semana, la rutina de los cinco días anteriores se ha hecho pasado. Y repaso el calendario. Y decido volver a los paseos, a los pasos.
Tal vez lleve razón el Doctor y deba cambiar de agenda, o pasar página. Pero tal vez, hoy no sea el día y lo que me apetezca sea mirar qué tengo anotada en ella, por si se me pasó algo interesante.
Diría que una, a estas alturas de la película, está empezando a vivir. Joder, qué suerte, y que pocas ganas, qué pereza. Debe de haberme sentado mal leer de nuevo "La Espuma de los días"
Ya no tengo cabeza para viejas glorias.
Si los martes no se llenan, si los jueves se quedan vacíos, volveré a la fotografía.

También a la música, pero esta vez sin que nadie me oiga.
En todo caso, podría retomar mis anotaciones para futuros ensayos. O escribir relatos pornográficos para ese panfleto subversivo que me tira los tejos. O volver a la política.

O, incluso, volver, que no es poco.
Mi ciudad se convierte de nuevo en mi refugio.
Gracias Jose Luís por fotografiármela y enviarme todas las visiones que tienes de ella: es raro que viviendo los dos aquí, se me pasen por alto tantas cosas.
Pondré tus visionados de nuestra urbe en este “blog de notas”, en este cuaderno red.
Lo que me jode es que seas demasiado amigo como para ser amante, demasiado soltero para estar casado y demasiado parecido a mí como para que seas mío.
Tras todos estos años, sigo igual. Más canosa. Menos amantes en estos últimos meses y más despistada que de costumbre.
Debieras ser el visor a través del cual mirar el mundo, o joder, por lo menos, préstamelo para ver mejor a mis futuros hombres...

Ya sabes que a ti, nunca te beso.

23 febrero 2006

Apuntes en una barra de hielo


Esta vida de prisas no le deja a una tiempo para sentarse un ratito y decir, “me quedo en off, no estoy ni para mí, no cuenten conmigo”.
Recapitulemos Tacones:
1. Los Martes siguen vacíos; Algo de cenar y una película.
Tengo un candidato a la vista que puede sustituir a Fernando, pero aún ando ajustando perfil al puesto.
2. Igor es ya hombre divorciado y, por ende, separado también de esta Tacones que escribe.
Nuestra despedida fue melodramática, exagerada, como lo es todo en él: histriónico. Terrible. Él llorando, borracho, suplicando que no le abandonase yo también, que qué iba a hacer ahora con los zapatos…
- Busca una cenicienta cuando pasen las doce- no puede evitar soltarle la paparruchada…
Al día siguiente de mi ruptura sexual con Igor tuve un insight, le llamé y le comenté que por qué no le daba una oportunidad a Helena, mi vieja amiga, que por qué no la apadrinaba en el ático un tiempo. Que pasaba un mal momento, que la pobre se había instalado en casa y que yo no estoy hecha para compañías.
Quedamos para cenar los tres: Igor, Helena y yo. Los presenté.
Ella tan dulce, tan mona, tan conjuntada, tan bella…
Igor pareció olvidarme antes de que llegaran los postres: para ese momento, ya andaba manoseando las medias de cristal de mi amiga bajo la mesa.
Hijo de puta, salivaba como un perro de Paulov al escuchar la campanilla (sólo que Helena era mejor alimento)
Helena quedó encantada con Igor (ingenua) y quedó en instalarse en su ático al día siguiente: por su parte, mi antiguo amante, encontró una pava a la que sorprender con sus discursos esnobistas y a la que llevar del brazo a sus recitales horteras en recintos vips.
Y es que: no hay un roto para un descosido.
Martes libres, Jueves libres también… Tacones, ¿qué te está pasando?
3. Hablé con Carlos, el marido de Helena, ya no sé ni cuanto hace. Tal vez un par de semanas. Era previsible…
- Tacones, Helena tiene que volver conmigo. Yo la quiero.
- Eso se lo cuentas a ella Carlos. ¿Ya te has hartado de la otra?
- La otra es sexo Tacones. Está ahí y va a estar todo el tiempo que necesitemos el uno del otro.
- Vale, eso se lo cuentas a tu querida Helena, Carlos. Lo que tienen mujeres como ella es que no soportan una relación a tres. Para este tipo de hembras, es incomprensible que después del sexo con ellas, siga existiendo el sexo, si no es también con ellas. ¿No has pensado compartirla con la otra y montaros un trío divertido?
- La otra tampoco lo acepta.
- Jajajaj, lo tuyo es mala suerte.
- Estás muy guapa, Tacones.
- No voy a follar contigo, Carlos. No te pongas pescuecero.
A Carlos le había negado sexo miles de veces, aunque había follado con él hacía tiempo. Eso sí, siempre con Helena, que veía el sexo conmigo el sexo con ella misma. Reconozco que los tres lo habíamos pasado bien, muy bien.
Pero no podía empezar un rollo con Carlos porque ya no me atraía como antaño. Es un hombre atractivo, eso es innegable, pero no me siento capacitada para soportar a Helena y sus rollos pareja. Y eso es lo que tendría que aguantar a cambio de tirarme a Carlos y a Helena.
Tal vez me esté volviendo vieja… Puede ser.
4. Echo de menos a Fernando. Mucho. Pobres Martes, tan vacíos, tan solos.
5. Ismael anda en crisis. Mi querido Ismael. Su mujer está embarazada de nuevo. Su sexto hijo, así, como lo leen, sin anestesia ni nada: S e x t o.
Yo se lo digo: “Ismael, es lo que tiene ser supernumerario”
Lo que aún no comprendo es cómo su mujer, tras veinte años de matrimonio, no se haya percatado de la potencia sexual de su marido, y sólo acceda a hacer sexo con él vestida, con la luz apagada y con el fin de procrear.
Y lo más surrealista de la historia es que a Ismael, le excita ese rollo, le pone a cien ver a su señora de esa guisa esperándole en la cama, aún a sabiendas que lo máximo que obtendrá de ella son los cuatro gemidos justos para indicarle que la saque a toda leche.
Este sábado pasado Ismael y yo no follamos. Me desnudé, me puse sus botas y estuvimos fumando y charlando hasta altas horas. Es triste su doble vida.
Tan beato, tan vicioso…
Esta trayectoria le tiene que pasar factura, y alguna patología esquizoide resultará de tan contradictorias aficiones.
Si su mujer nos viera, estaría rezando rosarios hasta después de muerta.
Pobre, con lo recatada que es ella…
Gustosa la invitaría a una sesión con su marido. Disfrutaría como un animal.
6. Qué jodido destino, este invitado amoroso sí que sabe cómo hacer para no salir de tu cama...

19 febrero 2006

A primera hora de la mañana


Viene y me propone sexo.
Así, a quemarropa.
Como si fuera lo más importante en este mundo, lo último que hacer.
Quedo en un principio sorprendida, no por la propuesta de hacer sexo con él, claro está, si no por la premura de su petición.
Yo allí, sentada plácidamente en mi oficina, con sus clips de oficina, sus cajones de oficina y su olor a recién limpio.
Cómo iba siquiera a intuir que ese hombre casi cincuentón, encorbatado, que viene de mes en mes a liquidar sus cuentas pendientes, iba a acercase más de lo cotidiano y decirme, sin cortedad alguna, que deseaba reposar su miembro entre mis piernas.
Y no es que no me apetezca asirle de esa camisa recién planchada y a horcajadas sobre él cabalgar la mañana entera…
Pero hombre, así, tan de repente (y yo con estos pelos) no se proponen las cosas...
Que una debe ponerse el zapato adecuado…
Adecuar también la liga a la media…
Calzarse una braga que no suprima el encanto de la liga y...
A su vez, un sostén que no sostenga demasiado…
Que una… Debe pintarse el carmín justo para marcar el glande…
Ponerse el rimel suficiente para no parecer una muñeca de cartón piedra…
Ajustarse el pelo a la nuca para poder ser asida sin entorpecimiento…

Anillar el collar al cuello...
Debe… Ponerse en la muñeca la joya que no suena…
El anillo que no pellizca…
La tobillera que quedará frente a sus ojos una vez de pie encima de su cuerpo…
Y, sobre todo, una debe entender que el hombre que tiene delante no es el peor amante del mundo…

P.D.: La próxima vez que quiera usted sexo conmigo, procure no decírmelo cuando tengo a su señora al otro lado del teléfono.

08 febrero 2006

Leandro


Leandro, mi ocupación del viernes, es albañil. Albañil y pensador, como él mismo se autodefine. Tiene una mujer horrenda, ordinaria, rubia de bote con el tinte siempre a medio echar y con una mala leche continua en el filo de los labios. Entiendo perfectamente por qué Leandro no se acuesta con ella desde que tuvieron a su cuarto hijo. Yo tampoco me metería en la cama con esa mezcla entre oso hormiguero y mesa camilla.
A Leandro lo conocí en la carnicería de un híper cercano a casa. Él estaba comprando al milímetro lo que su mujer le había anotado en una lista mal escrita, con letra de parvulario tonto:
- ¿Cómo quiere la pechuga?- le preguntó apuntándolo con un cuchillo el carnicero
- Yo…Como la de esta señora- contestó risueño mientras señalaba mis pechos embutidos en una camiseta estrecha.
Lejos de enfadarme y reprochar tal actitud machista, en plan feminista del todo a cien, me aparté a un lado, anoté mi número de teléfono en un papel.
Me acerqué con paso firme:
- Caballero, se le ha caído esto.
Y seguí esperando mi turno pacientemente.
Ustedes pensarán que qué fácil. Y sí, ¿por qué tienen que ser las cosas complicadas? Pensé en cómo me follaría Leandro, que en ese entonces no sabía qué se llamaba así, cómo con sus manos rudas y grandes aplastaría esos pechos a los que tan alegremente había hecho mención, y aposté casi mi oreja izquierda a que sería una bestia en la cama. Los restos de hormigón en el pantalón, el yeso aún en la cara… Leandro tenía que trabajar en la obra, eso lo lleva cualquier albañil en la cara, no hace falta ser una Aramis Fuster para averiguarlo.
Al mirar su calzado, sucio, lleno de barro, descuidado y roto a la altura del talón, no me cupo la menor duda: Leandro había nacido para actor porno.
Imaginarlo entre mis piernas, sudando, manteniéndome cogida por los hombros cuando me penetraba para sentirle más adentro me puso caliente… El subconsciente hizo el resto, y aunque iba a comprar chuletas de cabezal, le dije al carnicero:
- Póngame medio de criadillas…
Esa misma noche, el teléfono me devolvió una voz tímida, como esperando una broma macabra… Leandro y yo formalizamos nuestra relación para los viernes.
La semana antes de nuestro primer encuentro, que lo ajustamos a nuestros horarios y a un hotelito muy mono a la salida de mi ciudad, hice todas las cábalas posibles sobre cuál seria el fetiche de mi amante: tal vez un mono de la obra y follarme por la abertura que ellos usan para mear… Quizá, ensayar una obra hortera en la que yo soy una fémina a la que violan en la obra… Vete tu a saber, mi imaginación siempre ha ido un paso por delante de mi consciente.
Leandro resultó ser un obsesivo compulsivo del sexo: la cama con él conforma un ritual de principio a fin.
Siempre una ducha antes, siempre maquillaje en el clítoris y labios, siempre perfume únicamente en la planta del pie.
Y, su fijación por los zapatos también se abrió como una sorpresa: unas sandalias en cabritilla negra imposibles. Desde entonces me desenvuelvo con él sobre 12 centímetros… Preferí no sacar ninguna conclusión lógica acerca de su predilección por tal calzado, ¿para qué?
Este viernes, Leandro ha sido una dosis de buen humor.
Follamos bien a gusto, con las sandalias desprendiendo olor a canela, por el perfume que él ha escogido para mí, y reímos… Y reímos muchísimo.
Al volver a casa, sentí que merecían la pena todas y cada una de mis relaciones. Aunque ahora los Martes estuvieran vacíos e Igor tuviera, a partir de esta semana, que buscar consuelo en alguna fulana de las que van a sus recitales.
Helena, la jodida Helena que es una rémora en casa, me estaba esperando despierta; Ya venía yo llena de sexo, cansada, y preferí dejarme hacer una vez más y ser parte pasiva de su fogosidad.
El sábado sonó el teléfono. Era Carlos, el marido de Helena. Quedamos en vernos el domingo de esta semana, que estaba muy ocupado, que su agenda no le permitía antes… Seguro que quiere que vuelva, que él puede organizarse con las dos…
Y yo, tengo ya ganas de facturar a mi señorita de compañía porque no estoy hecha para vivir con alguien más que mi pajarraco. Que, por lo menos, él no habla.

03 febrero 2006

Jueves Negro

El panorama no podía ser más desalentador.
Al meter la llave en el ático que Igor tiene alquilado para nuestros encuentros (y también para nuestros desencuentros) percibí que el ambiente estaba ya cargado de rutina.
Una atmósfera compuesta del humo de esos jodido purillos de vainilla que Igor fuma a desmano, de alcohol y de olor a sexo húmedo, incipiente.
Igor se encontraba en el sofá sentado, desnudo, con su estúpido sexo colgante detrás de una botella de ginebra medio llena o medio vacía, según se mire. Y yo la veía medio vacía, por su aspecto desaliñado, por sus ojos entornados y su purillo a medio consumir asido en la mano izquierda.
De fondo, para que la escena quedara aún más corrosiva, más dramática, para darle tal vez al tema un toque de ternura, Igor escuchaba el cansino CD que sólo contenía una canción: “Voyage” de ese Moustaki al que siempre acudía cuando estaba creando alguna de sus obras.
Pero esta vez no creaba. No modelaba forma. No intuía el papel ningún pensamiento.
- Ponte el vestido y los zapatos.

Me acerqué al vestidor: me desabroché la chaqueta, me deshice de ella. Me quité uno a uno los zapatos que me trajeron del trabajo hasta allí. Me senté, me encendí un pitillo.
Desabroché la camisa: un botón tras otro hasta observar mi sostén.
Me miré al espejo.
Esa era yo.
La hebilla de mi pantalón de sastre. Así, sentada, sin moverme.
Levanté un poco el culo para que bajara.
Lo arrastré y lo dejé caer sobre los tobillos.
Me sonrió el encaje de las medias sobre mis muslos.
Un poco más arriba mi sexo desnudo.
Me puse en pie: se quedó el pantalón en el suelo.
Tomé el vestido rojo de satén al que acompañaba los bonitos zapatos de salón que Igor había elegido: tacón interminable de aguja (reconozco que me costó miles de ensayos en casa sostenerme sobre esos andarines), de aguja roja, el resto negros.
Anillé el collar de perlas al cuello.
Puse perfume en las ingles, en el ombligo, entre mis pechos, en la nuca, en la nuez.
-Ven Tacones…
Y subió el vestido hasta el ombligo, y dejó la botella en el suelo. Y me mordió el sexo hasta que grité.
Apretando mi culo, hundía su melena entre mis piernas…
- Ábrete… Un poco más… Así, agáchate un poquito.
Y la lengua de Igor lamió mis labios hinchados mientras sus manos separaban y unían mis nalgas.
- Quítate el vestido.
……
- Ahora el sostén…
……
- Cálzate los zapatos sin medias…
Sin sentarme. Nunca me permitió estar sentada para vestirme o desvestirme si él estaba mirando.
Me giró.
Me apoyó sobre el sofá de cara al ventanal que nos dejaba la ciudad al descubierto.
- ¿Es hermosa la vista, verdad?
Y lo era. Si por algo echaría de menos a Igor era por aquel telón de fondo nocturno, lascivo, modelicamente incorrecto.
Me penetró. La sodomía, podría jurar, es la forma de poder masculina por excelencia.
Esta vez me dolió más por su premura que por la fuerza de su sexo al entrar en mi culo.
Pretendía tal vez apurar esos momentos como si fueran los últimos. Como si tras ese encuentro no quedara otro.
- La semana que viene seré un hombre libre.
Con la cabeza apoyada en el reposabrazos, y absorta, sin pensarle, sin pensar, intenté no escucharle.
- La semana que viene soy hombre libre, Tacones.
Acompañaba a su frase unas embestidas que crecían en fuerza…
Se corrió dentro.
Yo no. No llegué a saborear el orgasmo con él anoche.
Encendí otro cigarrillo. Miré los neones con el asombro de un niño ante un hormiguero.
Se puso a llorar.
El hijo de puta se puso a llorar como si fuera su primera vez.
(Esto no, me dije, por aquí no paso)
Lamí su sexo aún erecto.
- Añade un par de perlas más al collar para el jueves que viene, Igor. Vas a conseguir ahogarme un día de estos.
Volví al vestidor e hice todas las acciones anteriores a la inversa.
Conectó de nuevo el CD mientras salía yo del ático y le vi acercarse al escritorio y tomar su pluma…
Ya en casa, una Helena rancia que lloraba viendo por enésima vez “Cosas que nunca te dije”…
Maldije una vez más a Isabel Coixet por su cinta y me fui a la cama.



02 febrero 2006

Se masca la tragedia

Me temo lo peor. Los días grandes suelen terminar en tragedia, eso lo sabe hasta el más memo. Y en los míos, las tragedias toman un tinte que sobrepasa el melodrama. Ese maldito Aristóteles debió conocerme antes de afirmar rotundo que ni por exceso, ni por defecto, que en el centro residía la virtud. Y unas narices, querido filósofo. Ni de broma, o por lo menos en mi no se cumple.
Estás tú, que no es poco. Que me lees, al que escribo. Al que me gustaría cruzarme al girar la esquina de casa. Con el que me desearía compartir el cuerpo de Helena, que seguro te gustaría por leve, como todo en ella: Helena es genialmente leve porque no tiene nada dentro. Juro que si tiene algo de cerebro es de pura casualidad. Pero es tan bella. Tan inocentemente bella…
Solo por esto es un gran día: ni por el trabajo que me come las horas y la moral, ni siquiera por los amantes… Ni el sexo rotundo que envuelve mi vida como una condena.
Es por ti, hallazgo de este último tiempo.
Protagonista indirecto de mi historia.
Esta noche Igor de nuevo.
Estoy empezando a cansarme de sus monsergas antes de ir a la cama… Para eso tiene a su mujer, bueno, por poco tiempo. Se están tramitando sus papeles del divorcio y él sabe, tan bien como yo desde hace años, que en el momento en el que disfrute de su soltería dejará de disfrutar de su gusto por hacerme calzar zapatos de salón los jueves por la noche.
Jamás había visto a un hombre que, amando tan poco a su esposa, se empeñe con tanto ahínco en que ésta no le abandone.
Yo ya lo habría hecho hace años: es insufrible vivir con un snob como Igor; Boris Vian le hubiera dedicado páginas enteras de haberle conocido.
En cierta forma, me da hasta pena abandonarle yo también. Pero estas son las reglas del juego: Malditos Tacones no comparte vida con hombres solteros.
Ni siquiera, a estas alturas de nuestra particular partida, me permito licencias.
Aunque me cueste deshacerme de su gusto por las perlas sobre el cuerpo desnudo, de beber ginebra como un borracho a sorbos resonantes, y de manejar mi culo con una delicadeza digna de un malabarista.
Me jode que la vida se imponga con sus manías absurdas… Es demasiado corto el espacio de tiempo para perder a Fernando y tener que dejar a Igor…
Veremos como está esta noche la cena, el postre y la sobremesa…
Lo dicho: me temo lo peor.

01 febrero 2006

Apuntes de última hora

He estado atareada, cansada, básicamente hecha unos zorros…
Dejo algunas notas de lo que tendría que comentar hoy, pero no lo voy a hacer: Helena me espera tras su ducha de algas, tendida en mi cama…
1.Fermando… Le echo de menos. Mucho. En su funeral, el lunes pasado, tuve el placer de conocer a su hijo…
2.Como habrán podido comprobar, Helena se ha instalado temporalmente en mi casa. A veces me dan ganas de estrangularla con uno de sus pañuelos de firma, pero: cómo trabaja la chica con su lengua… Que se quede un tiempecito más, no hay problema…
3.Igor está insoportable… No sé si cambiarle su día para el sexo o cambiarle el psicoanalista.
Buenas noches, mañana será un gran día.

20 enero 2006

Al final de este viaje...

Me has dejado los Martes vacíos Fernando, también el recuerdo se ha quedado un poco descolgado sin tin. Nuestros zapatos están en el armario, colocados en su caja rosa. Te los llevaría al cementerio, pero me parece una broma de mal gusto para Rosario, tu mujer.
La próxima vez que tengas tanta prisa en morirte avisa, coño, me hubiera gustado devolverte todos esos besos que se me quedaron en el tintero.
Duerme...
"... A las aladas almas de las rosas, de almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero..."
(De nuestro querido Miguel Hernández, del que tanto aprendimos andando de puntillas)

13 enero 2006

Helena

Durante esta semana he faltado a mis citas sexuales consecutivamente Martes, Miércoles y Jueves; Es más, creo que la de hoy y la de mañana (y no sé si las de las semana que viene) tendré que posponerlas también.
He tenido un visitante imprevisto en casa. Se ha plantado de pronto en mi tranquila morada, acribillando mi timbre, con sus maletas de piel de vaca muerta y sus botas a juego, y su chaqueta también, y con una sonrisa a lo Charlie River que ponía los pelos de punta al más pintado, una vieja amiga.
Helena se echó a llorar justo cuando abrí la puerta. Me pidió auxilio político y si por favor le ponía una vez y otra y otra la película: “Cosas que nunca te dije”.
“Malditos Tacones” me dije “ésta se te instala”. Y se metió con su rimel corrido, con su maquillaje impermeable hecho una birria, dando taconazos hasta el salón.
-Joder Tacones, ¿todavía tienes este colorín chillón?- me dijo sollozando como un bebé en pleno cólico del lactante.
-Ya sabes que es recuerdo de familia Helena.
Le puso un trapo por encima para que el pobre no viera lo que se nos venía encima (qué suerte tuvo el canalla, ya me lo podría haber puesto a mí) y tal cual, se me abrazó como si yo fuera una tabla de salvación, una vigilante de la playa que acabara de rescatarla de un naufragio en patera.
Helena se había casado con un arquitecto progre cuando aún no tenía ni veinte años y él ya había pasado por aquel entonces los cuarenta. Ahora, tras descubrir unos cuernos tan grandes como el Banco de España, Helena sentía que su poder como fémina dominante había quedado a la altura del betún.
Mi vieja amiga, que siempre había pensando que una Lolita como ella era insustituible, se había dado de bruces con que su esposo, estaba enrollado con una moza de su quinta: “con arrugas además”, como me decía Helena, “con michelines”, que usaba una 46 (como si eso fuera un dilema existencial digno de una meditación kantiana) y que no había pasado por cirugía cosmética porque pensaba que, de esa guisa, seguía siendo atractiva.
Y joder, debía serlo, porque su marido había cambiado a un bombón treintañero por una onza de chocolate.
Demasiada información para cuando eran las doce de la noche tras un día de trabajo.
-Helena cielo, quédate aquí el tiempo que necesites, instálate, relájate, tómate un Diazepam y mañana hablamos.
Y mientras seguía llorando como una magdalena se pegó una ducha, le preparé una ensalada, la acosté en la cama que tengo para casos de emergencia y me acosté yo.
No pasó mucho tiempo hasta que Helena, suave, aterciopelada, oliendo como olía siempre a Chanel, se metió en la cama conmigo. Y de nuevo, como hacía cuando aún éramos jóvenes y dinámicas, se arqueó para abrazarme, y rozar con sus uñas de manicura francesa uno de mis pezones. Y apartar mi pelo para besarme justo detrás de mi oreja derecha… Y entrelazar su mano por entre mis piernas y subirla hasta el ombligo…
Y yo me di la vuelta. Y correspondí el trazado de su caricia, dibujando sus labios sobre su boca con la punta de mi lengua…
Y, sin zapatos que se interpusieran entre ambas, sentí útil cada uno de mis dedos.

10 enero 2006

Mi vida conmigo

Cada día tiene un hombre, excepto el domingo, que lo tiene si mi libre albedrío decide tenerlo. Sí. Mí semana es un calendario con nombres propios. Lunes: Pablo. Martes: Fernando. Miércoles: Ismael. Jueves: Igor. Viernes: Leandro. Sábado: el mismo Ismael del Miércoles. Domingo: Yo.
Ésta que, de entre todos, decidió ponerse como sobrenombre Malditos Tacones por ser el utensilio con el que me siento más mujer, ahora decide plasmar con una cara dura digna de cualquier político, sus vivencias: pocas, escasas, rutinarias, pero divinamente seductoras. No concibo mis noches, ni mis hombres, sino encadenada a los zapatos que ellos usan como fetiches y, por ende, a todo lo que mis amantes enlazan a esos zapatos haciendo de mí una actriz impecable con un dominio de la improvisación que ya la quisieran para sí, muchos profesionales de la farándula.
El resto del día, mi vida transcurre plácidamente: Mi trabajo. Que me gusta, que lo hago bien y que gusta. Mi casa. Y un pajarraco chillón que vive conmigo y que, dudo que sea, como dicen mis amigos, un colorín. Con esos berridos estoy segura de que debe ser una oca camuflada.
El cómo acabé teniendo pareja diaria no es demasiado complejo. Harta de parejas “estables” con las que, pasado el tiempo, no tenía otra conversación fuera del “bueno sí, mañana hablamos. Tengo prisa hoy, cielo”, decidí mantener una relación perfecta, duradera, sin todos los engorros que conlleva el matrimonio o la pareja. Y justo por tal motivo, tengo un hombre para cada día. Y también, por todo esto, decidí que los hombres con los que compartiera mi vida, tendrían que tener, al menos, tres requisitos:
1. Estar casados, y bien casados.
2. Hombres a los que no conociera de nada y a los que el destino hubiera puesto, casualmente, allí…
3. Que fueran diametralmente opuestos entre ellos.
Tal vez ustedes piensen que me dedico a un tipo de prostitución encubierta. Que soy una puta autosuficiente de este siglo XXI. Bien, perfecto. Pero desde ese primer día en el que Ismael se cruzó conmigo, tomé como norma no percibir ni un céntimo de todos los amantes que tuviera. Ni un regalo siquiera. Ni una invitación, ni un detalle. Sólo sus zapatos y atrezzos para nuestros encuentros sexuales.
Esta es la forma de relación que quiero. Como quien elige el matrimonio, la castidad o la soltería. Y, por eso, que yo sepa, no se cobra.
Y así llevo años. Felizmente amante de cinco hombres a los que no amo.